El guerrero a la sombra del cerezo: presentaciones y eventos

RESENTACIONES Y FIRMAS CONFIRMADAS

  • Librería Gigamesh (Barcelona): sábado 6 de mayo de 2017, 18:30. Acompañan al autor Toni Hill y Carlos Bassas.
  • Librería Luces (Málaga): sábado 13 de mayo de 2017, 19:00. Acompaña al autor Juan Cuadra.
  • Feria del Libro de Madrid: viernes 26 de mayo de 2017, 18:00-19:30. Caseta FNAC (nº 136-137).
  • Casa del Libro Madrid (C/ Maestro Victoria 3): sábado 27 de mayo de 2017, 19:00. Acompañan al autor Carlos Bassas y Sergio Vega.
  • Feria del Libro de Málaga: sábado 10 de junio de 2017, 11:00-13:00 horas. Caseta de Librería Luces.
  • FNAC Sevilla: viernes 23 de junio de 2017, 19:00. Acompaña al autor Concepción Perea.
  • Festival del manga de Cádiz: sábado 30 de septiembre de 2017, 19:30.
  • Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Valencia: 21 de noviembre de 2017, 19:00. Acompañan al autor Ángeles Pavía y Juan Miguel Aguilera.

PUNTOS DE VENTA

La edición en papel está a la venta en librerías españolas y en las distintas plataformas de venta online (Amazon, El Corte Inglés, La Casa del Libro, FNAC, Cyberdark, Agapea, etc).

La edición digital en eBook se puede adquirir en todas las plataformas habituales, como Amazon, Google Play, iTunes, KoboCasa del Libro.

Para su adquisición desde fuera de España, la novela está a la venta a través de plataformas como  Amazon.com, Amazon México o la web Book Depository (con envíos internacionales gratis).


El guerrero a la sombra del cerezo

El Guerrero a la Sombra del Cerezo (SUMA, 2017) es la primera novela de David B. Gil, una ficción histórica ambientada en el Japón de los señores samuráis que fue finalista del Premio Fernando Lara (Grupo Planeta) y primera obra autopublicada en ganar un Premio Hislibris de Novela Histórica (Mejor Autor Revelación). Se ha convertido en la novela histórica más vendida y mejor valorada por los lectores de Amazon España.


SINOPSIS

Japón, finales del siglo XVI. El país deja atrás la Era de los Estados en Guerra y se adentra en un titubeante periodo de paz. Entre las víctimas del largo conflicto se halla Seizo Ikeda, único superviviente del clan regente de la provincia de Izumo, huérfano a los nueve años tras el exterminio de su casa. Hostigado por los asesinos de su familia y condenado al destierro y al olvido, inicia un largo peregrinaje al amparo de Kenzaburo Arima, último samurái con vida del ejército de su padre, convertido ahora en su mentor.

En el otro extremo del país, Ekei Inafune, un médico repudiado por aplicar las artes aprendidas entre los bárbaros llegados de Occidente, se ve implicado en una conjura urdida a la sombra de los clanes más poderosos del país. Una conspiración capaz de acabar con el frágil periodo de calma que da comienzo.

Una novela “cruda y bella, cargada de matices”, que nos hace viajar a través de un Japón devastado por más de dos siglos de guerra, entre cuyas cenizas, sin embargo, florecen los más hermosos cerezos.


RESEÑAS:

«Un viaje inolvidable a una época llena de poesía, misterio y crueldad».

Toni Hill

«Una demostración de conocimiento, sensibilidad y destreza narrativa».

Un libro para esta noche

«Una novela casi perfecta con excelentes personajes y sorprendentes giros argumentales[…]. No me cansaré de recomendarla».

Lecturópata

«Una historia cruda y bella, escrita con unas formas tan exquisitas que resulta imposible no caer rendido a sus pies».

Athnecdotario Incoherente

«He recuperado con esta novela la pasión de los viejos años, la necesidad de dejar cualquier cosa que estuviera haciendo para regresar a sus páginas».

Público


LOS LECTORES HAN DICHO

«El guerrero a la sombra del cerezo es como Japón: elegante, bello, tranquilo como sus monjes, violento como sus samuráis».

«Desde Posteguillo no disfrutaba tanto con una novela, de lo mejor que ha pasado por mis manos, sin duda».

«Hay detalles en la trama llenos de elegancia y con una sutileza exquisita».

«El autor hace gala de una prosa bellísima. Los personajes principales de la novela son inolvidables».

«Dos historias que se entrelazan y se sueltan una y otra vez, sin dejar de sorprender. Giros argumentales fantásticos, situaciones emocionantes, personajes que trascienden las páginas, un mundo que puedes palpar. No exagero al decir que se ha convertido en una de mis novelas de aventuras favorita».

«Te hace recuperar el placer de las novelas de aventuras inolvidables».

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‘Ama’, las “mujeres del mar” de Shima

Cuando uno se anda documentando se viene a topar con fragmentos de la Historia que son auténticas perlas (me vais a perdonar el juego de palabras), tanto que no puede dejar de contarlo al que quiera escucharlo. Ha sido el caso de las ama, literalmente, “mujeres del mar”, las recolectoras de perlas de la costa de Shima en Japón. Había escuchado hablar de ellas antes y las había visto retratadas en algunos mangas históricos como curtidas buceadoras que se sumergían desnudas en el mar, con solo un cuchillo entre los dientes para realizar su labor. Había dado por sentado que se trataba de una visión distorsionada de una realidad histórica, dado como es el seinen manga a sexualizar y exagerar determinados acontecimientos. Sin embargo, esta imagen no se desviaba tanto de la realidad.

Fotografía de Eishin Osaki.
Fotografía de Eishin Osaki.

Las ama existen desde hace más de mil años (la primera constancia documental de ellas procede del poemario Man’yôshû, datado en el 759 d.C.), y durante todo este tiempo su oficio ha consistido en bucear en apnea para recolectar los moluscos, esencialmente ostras, que crecen en los fondos marinos de la escarpada costa de Shima. Más allá de su poderosa capacidad de evocación (no es extraño que se las mencione en un poemario), lo cierto es que se trataba de una labor dura y peligrosa, máxime si tenemos en cuenta las gélidas temperaturas de este litoral y que, durante siglos, la han acometido sin más equipo que el pincho utilizado para arrancar las ostras, un tanga fundoshi para facilitar sus movimientos, y la cuerda empleada para guiarlas de regreso a la superficie.

‡“€„Fotografía de Fosco Mariani.
‡“€„Las herramientas de una ‘ama’ (Fosco Mariani).

Una ama comenzaba a aprender el oficio a los 13 años, iniciándose con inmersiones de 5 metros como máximo. Hasta los 30 años no se convertían en funado, considerándoselas entonces buceadoras plenamente experimentadas capaces de hacer inmersiones de hasta 20 metros de profundidad. Se consideraba que una ama alcanzaba las plenas facultades a los 50 años, y la mayoría practicaba el oficio hasta los 70, aproximadamente. Empleaban técnicas de respiración para evitar dañarse los pulmones, llegando a permanecer incluso dos minutos bajo el agua. Tras inmersiones prolongadas exhalaban el aire lentamente, separando levemente los labios y emitiendo un largo silbido conocido como isobue.

Una ama se sumerge sujetando la cuerda entre sus piernas (Fosco Mariani).
Una ‘ama’ se sumerge sujetando la cuerda entre sus piernas (Fosco Mariani).

No hay una explicación evidente de por qué se trataba en una labor exclusivamente femenina. Desde un punto de vista sociológico, se conjetura que fue una actividad paralela que surgió de manera natural en las comunidades de pescadores de la costa de Shima. Los hombres se embarcaban para pescar en alta mar, y las mujeres, que quedaban atrás para dedicarse a cuidar de los cultivos y los niños, encontraron en la recolección de algas y moluscos un aporte más a la economía familiar. Otras teorías son de orden fisiológico, apuntando a que el cuerpo de la mujer, al tener mayor cantidad de grasa sobre los músculos, podía soportar mejor las largas jornadas de inmersión.

Dos 'ama' modernas mariscando entre las olas (Yoshiyuki Awase).
Dos ‘ama’ modernas mariscando entre las olas (Yoshiyuki Awase).

En cualquier caso, el oficio de las ama ha cambiado a lo largo de los siglos, aunque no de manera sustancial. Tradicionalmente estas mujeres eran recolectoras y mariscadoras, y el hallazgo de una perla era un golpe de fortuna que podía garantizar el bienestar familiar durante varios años. Esto cambió cuando el empresario local Kokichi Mikimoto consiguió cultivar las primeras perlas de manera artificial. A partir de entonces, muchas ama comenzaron a trabajar en el cultivo de perlas, siendo las encargadas de extraer las ostras a la superficie, donde se les insertaba el núcleo extraño que daría origen a la perla, y devolverlas al lecho marino para su posterior recolección. La actividad pronto comenzó a atraer al turismo extranjero, y Mikimoto solicitó a sus empleadas que comenzaran a cubrirse con paños blancos, debido a la contrariedad que producía entre los turistas su desnudez.

El oficio de las ama ha sobrevivido hasta nuestros días; desde mediados del pasado siglo algunas han comenzado a utilizar equipos moderno de buceo, como gafas, aletas y trajes de neopreno. Aun así, continúa siendo una actividad dura y exigente, lo que ha impedido que vayan surgiendo nuevas generaciones que mantengan la tradición. Probablemente, tarde o temprano las ama acaben desapareciendo, y el mejor testimonio de su oficio será el trabajo de fotógrafos como Yoshiyuki Iwase, Eishin Osaki o Fosco Mariani.

Fotografía de Fosco Mariani.
Fotografía de Fosco Mariani.

Cita en Ganryu-jima

Probablemente, el duelo entre samuráis más famoso de la historia fue el mantenido entre Sasaki Kojiro y Miyamoto Musashi el 13 de abril de 1612, en una pequeña isla al sur de Honshu, posteriormente conocida como Ganryu-jima. Ambos samuráis eran los dos mejores espadachines de su época: Kojiro, un consumado maestro fundador del estilo Ganryu (esgrima con una katana más pesada y larga de lo habitual), proclamado Maestro de Armas del clan Hosokawa; Musashi, un shugyosha que había ganado fama y respeto en su largo peregrinaje del guerrero, hasta el punto de recibir el sobrenombre de “el Santo de la Espada”.

Como suele suceder en la historia premoderna japonesa, los hechos se confunden con la leyenda, pero según lo recogido en crónicas de la época, Miyamoto Musashi llegó a la pequeña isla varias horas después de lo acordado. Algunos especulan que su intención era que la puesta de sol, que quedaba a espaldas de su punto de desembarco, deslumbrara a su rival durante el combate; otros que pretendía aprovechar el cambio de marea para huir de la isla en caso de vencer, pues estaba seguro de que los discípulos de Kojiro no le permitirían abandonar el lugar con vida. En cualquier caso, presentarse tarde en los duelos era una estrategia habitual de Musashi para desestabilizar a sus rivales.

Llegó solo en una barca, empuñando un largo bokken que no era sino uno de los remos de repuesto tallado con su wakizashi. Su aspecto harapiento y la aparente improvisación del arma de Musashi encolerizaron a Kojiro aún más. Lo cierto es que la despreocupación de Musashi escondía una táctica bien meditada: Kojiro, con su katana de 90 cm, que blandía con la rapidez y agilidad de un arma más liviana, tenía una ventaja manifiesta sobre los sables usados por sus rivales. Esa ventaja quedaba neutralizada con la improvisada arma de madera de Musashi.

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El duelo, recreado en multitud de películas, cómics, pinturas y esculturas, se produjo a la puesta de sol: tras unos primeros lances, Musashi alcanzó en la cabeza a Kojiro, postrándolo en el suelo. Un posterior golpe lateral rompió las costillas de su rival perforándole un pulmón, lo que acabó con su vida. El vagabundo abandonó la isla inmediatamente, antes de que los asistentes pudieran reaccionar. Fue el último duelo mortal de Miyamoto Musashi, que años después se retiraría a un refugio de montaña, consagrando sus días a la talla de la madera y a recoger sus reflexiones y enseñanzas en el mítico Libro de los Cinco Anillos.

Nueva portada para “El Guerrero a la Sombra del Cerezo”

El Guerrero a la Sombra del Cerezo (portada Carolina Bensler)

¡Estamos de estreno! Cuando llegamos al ecuador del concurso para autores indies de Amazon-El Mundo (recordad que tenéis hasta el 31 de agosto para comprar y valorar la novela por el irrisorio precio de 0,9€), recibo uno de los mejores regalos que me podían hacer: una portada profesional para El Guerrero a la Sombra del Cerezo. Y es que la ilustradora y colorista Carolina Bensler se ha marcado esta magnífica cubierta para la obra, ¡y lo ha hecho por amor al arte! A través de las redes sociales puso en marcha una iniciativa para colaborar gratuitamente con cinco autores independientes; parece que mi propuesta le moló y he sido uno de los afortunados. Aquí tenéis el resultado de su trabajo.

La portada estará disponible para aquellos que compren el libro a partir de ahora. Y aquellos que ya lo habéis comprado, podéis actualizar vuestra anterior versión a través de la página “Gestionar mi Kindle” en http://www.amazon.com De propina os llevaréis un glosario actualizado y un nuevo Índice de Contenidos accesible desde cualquier página del ebook a través del botón “Ir a”.

Y para los que queráis conocer mejor el trabajo de Miss Bensler y sus magníficas portadas, aquí tenéis su web. No tiene desperdicio.

Para comprar El Guerrero a la Sombra del Cerezo (¿¡aún no lo habéis hecho!?) sólo tenéis que clicar aquí. Y si antes queréis catar un bocado, aquí tenéis la web alasombradelcerezo.com y un enlace para descargar los dos primeros capítulos en PDF.

Guía rápida para viajar a Japón (parte II)

Guia viaje Japon Kyoto

Tras una primera parte centrada en la preparación del viaje (si no la has leído clica aquí), vayamos con la segunda, en la que nos metemos ya en harina y vemos qué se puede hacer una vez estemos en Japón. Por supuesto, todo lo que vais a leer es completamente subjetivo, ya que estamos hablando de uno de los países más diversos que existen en el mundo y cada uno irá buscando una cosa. Nosotros hemos estado dos semanas a toda mecha y nos hemos dejado muchas cosas fuera, cosas imprescindibles (aún lamento no haber podido visitar los castillos de Himeji y Matsumoto), sin entrar ya en lo que pueden ofrecer las otras islas, como Okinawa o Kyushu.

Guia viaje Japon 4 Kyoto

Habría que tener también en cuenta que el paisaje cambia mucho si se va durante el florecimiento del sakura, pero claro, eso sólo son dos semanas al año (en abril concretamente), y me temo que es la temporada más cara para viajar a Japón.

Osaka

Guia viaje Japon Osaka-jo
El castillo de Osaka rodeado de cerezos en flor.

El barrio de Dotonbori, una especie de megabazar donde comer takoyakis y okonomiyakis. Y el castillo de Osaka, donde lo más espectacular es el entorno; la torre del homenaje no es imprescindible: es una reconstrucción de la original, con lo que lo importante es verla por fuera, el interior es un museo que te cuenta la historia del castillo, pero no deja de ser un edificio de sólo seis décadas.

Hay muchas más cosas en Osaka, pero nosotros sólo estuvimos un día, de ahí que no os pueda contar mucho más. Sólo un último consejo: en lugar de ir directamente hasta Kioto, tomad un desvío para visitar Nara (se encuentra a medio camino entre las dos metrópolis). Os aseguro que el templo Todai-ji y el parque de los ciervos que está a su alrededor serán dos de las imágenes que más recordaréis de vuestra visita.

Kioto

Quizás sea, junto con Roma, la ciudad que más me ha impresionado de cuantas he visitado. Me hubiera quedado a vivir en ella. Fundamental perderse por el precioso barrio de Gion para, con suerte, toparse con alguna Geisha; el castillo de Nijo, uno de los pocos que aún conserva el suelo de ruiseñor (merece la pena una audioguía); cenar en Pontocho, la calle de restaurantes junto al río, o mejor, en una paralela a Pontocho, que siempre será más barato (por la zona de Pontocho está el kaiten sushi “Musashi”, bueno y barato); el santuario de Heian, cuyo jardín es impresionante con los cerezos florecidos y que tiene una casa de té en la que se puede asistir a la ceremonia por 800 yenes.

Pero lo mejor es que busquéis un resumen de Kioto en alguna guía y miréis lo que más os puede interesar, porque esta ciudad tiene de todo.

Región de montaña de Takayama

Guia viaje Japon Magome Nakasendo
La antigua ruta Nakasendo a su paso por Magome.

Las localidades de Shirakawago, Takayama, Magome y Tsumago (quizás esta última la que más) fueron las sorpresas más gratas del viaje. Se trata de una región montañosa de pequeñas aldeas por la que pasaba la ruta Nakasendo (una de las rutas oficiales que conectaban Kioto con Edo), con casas de posta utilizadas por los samuráis durante sus viajes. Takayama se ha convertido en una ciudad más grande (entre otras cosas porque recibe mucho turismo por sus aguas termales), pero las otras aún parecen directamente extraídas del periodo Edo.

Guia viaje Japon Tsumago
Hospedería samurái en Tsumago.

Tsumago, por ejemplo, es escenario de muchas pelis de época, y es que se conserva casi como hace cuatro siglos. En esta pequeña localidad se puede visitar una antigua hospedería samurái, y a la salida dos señoras venden láminas de caligrafía con kanjis dibujados por un maestro de shodo del pueblo (al precio de 1.500 yenes, no os digo lo que te puede costar una caligrafía de un maestro de shodo aquí en España). El problema de esta región es que se accede en autobús, y eso dificulta un tanto la logística.

Tokio

Guia viaje Japon Tokyo
Barrio de Shinjuku desde el mirador del Gobierno Metropolitano de Tokio.

Qué decir de Tokio. Hay visitas ineludibles como los barrios de Shibuya (con la estatua de Hachiko y su famoso cruce frente a la estación de metro); Shinjuku con su barrio rojo Kabukicho o la sede del Gobierno Metropolitano, a cuyo mirador se puede subir gratis en ascensor y ofrece unas vistas nocturnas de Tokio impresionantes; Akihábara con sus bazares de mangas y videojuegos… A todo eso vais a ir seguro porque lo pone en cualquier guía. Yo os diría que os podéis ahorrar Ginza y Roppongi, que son barrios comerciales de lujo, sin mucho más, e invirtáis el tiempo en otros sitios menos habituales. Aquí os señalo algunos de los que nos encantaron:

La lonja de Tsukiji. Y no me refiero a ir a la subasta de pescado (que para eso hay que pillar turno a las tres de la madrugada), sino a visitarlos cuando abre al público a las 9 de la mañana. Ahí los turistas molestamos más que otra cosa, pero con cuidado y educación merece la pena ver ese ambiente, además de ser un escenario muy agradecido para las fotos.

Guia viaje Japon Tokyo Tsukiji

En las callejuelas de alrededor hay dos cosas que hacer: comprar té matchá, botes para guardarlo y otros omiyages (suvenires) que están algo o bastante más barato que en otras zonas más turísticas; y desayunar o almorzar sushi en los bares de alrededor del mercado. Son más caros que un kaiten o el restaurante de sushi medio, hay colas de más de media hora para entrar, pero también son genuinos 100% y se sirve el mejor sushi de Tokio, ese que por la tarde pondrán en las sushi houses más exclusivas al cuádruple de precio de lo que os va a costar aquí.

Guia viaje Japon Tokyo
Un poco de té antes de seguir preparando nigiris.

Después, junto al mercado de pescado, tenéis los jardines Hamarikyu, antiguo coto de caza de los shogunes Tokugawa. Llámalo jardín, llámalo un parque brutal enclavado entre rascacielos. Entrar cuesta 300 yenes, un precio irrisorio por lo que ofrece. En el interior encontraréis una casa de té: por 500 yenes os ofrecen un dulce y un matchá preparado con brocha, como en la ceremonia del té. No dejéis pasarlo, es el mejor té que probamos durante el viaje, con el añadido de degustarlo a orillas del lago que es el corazón del parque.

Guia viaje Japon Tokyo hamarikyu
La casa de té de los jardines Hamarikyu (Tokio).

Odaiba. Es una isla artificial a la que sólo se llega en barco o en el tren urbano Yurikamome (al menos que yo sepa), famoso por ser un tren magnético que se desplaza sin conductor. Esta isla tiene algunos lugares bastante chulos que cuento en el orden ideal de visita: primero el onsen urbano “Oedo Onsen Monogatari”, un edificio con aguas termales que recrea el Tokio previo a la II Guerra Mundial, en el que hay que pasearse en yukata (un kimono que te entregan a la entrada) y se come ramen del bueno en una plaza central estilo años 40. Lo suyo es salir del onsen a tiempo de ver la puesta de sol desde el mirador de Odaiba, que tiene una Estatua de la Libertad de lo más kitsch (aunque eso es lo de menos). Lo importante aquí es la espectacular vista de la Bahía de Tokio surcada por el Rainbow Bridge.

Guia viaje Japon Tokio Odaiba Gundam
Gundam contempla la isla de Odaiba.

Y cuando ya ha anochecido, se camina hacia el otro extremo de la isla, donde está la estatua gigante de Gundam (lo más parecido a encontrarte a Mazinger Z in person), que iluminada mola mucho más que de día. Ah, y al volver en el Yurikamome, poneos al final del andén y esperad hasta que llegue un tren en el que podáis colocaros delante del todo, pegados al parabrisas. Es como recorrer Tokio de noche en una montaña rusa entre rascacielos.

Parque Yoyogi. Es tipo Central Park. Lo suyo es irse un fin de semana por la mañana, cuando está medio Tokio ahí practicando sus historias, desde Kendo a Capoeira, desde malabarista hasta cosplayers, bandas de jazz, batukeros, futboleros dando toques de balón… Un espectáculo. Y al lado tenéis Takeshita Road, la calle de las cosplayers, que a mí no me hizo ni fu ni fa, pero a la gente se ve que le mola. Por supuesto hay mucho más, pero esto es de lo que puedo hablaros.

Guia viaje Japon Tokyo Yoyogi
Kendo en el parque Yoyogi.

Por último, ahí van unos cuantos truquillos sueltos que no está de más saber:

-El Museo Ghibli está en Mitaka, un barrio de Tokio. ¿Problema? Que todos los flipados de Miyazaki queremos ir a verlo, así que hay que comprar la entrada con tres meses de antelación (justo el anticipo máximo con que se pueden comprar), porque si esperáis a dos meses antes, como hice yo, te quedas sin entradas. Desde España se tramita a través de JTB Europa (http://www.jtb.es/) que es una de las principales agencias de viaje de Japón y tiene sede en Madrid y Barcelona. Creo que también tramitan la JR Pass.

-Los dos castillos conservados más impresionantes de Japón son Himeji y Matsumoto. El primero, ubicado en la ciudad de Himeji, abrió al público en marzo de 2015 tras una larga rehabilitación, por lo que es un momento ideal para visitarlo. Lo mejor es aprovechar la estancia en Osaka o Kioto para visitarlo en un día. El segundo está a dos horas y media de Tokio en tren.

-Si necesitáis tener internet en vuestros móviles (por ejemplo para usar el traductor de google o Google Maps, que funciona muy bien para indicarte los trenes y metros a tomar para llegar de un sitio a otro), una buena opción es Japan Wireless. A nosotros nos costó 8.000 yenes una conexión 4G ilimitada durante dos semanas. Te envían el router portátil a tu hotel y después sólo tienes que echarlo en un buzón el último día, o entregarlo en la recepción de tu hotel y ellos se encargan (http://japan-wireless.com)

-Los cacharros de Apple son más baratos en Japón, si a eso le sumas la devaluación del yen, el iPad Air, por ejemplo, cuesta 170€ más barato que en España. El iPhone no es compatible con la red de datos europea, pero los portátiles y iPads van sin problemas, y si lo compras en la tienda Apple la garantía te cubre en España. Así que si tenéis pensado comprar algo de electrónica antes del viaje, esperad a estar allí.

Si vais a comprar algo caro, por cierto, llevad el Pasaporte. Te ahorras el 8% de IVA. En aduana no os van a decir nada porque no saben si lo lleváis desde España (a no ser que te traigas diez cámaras Nikon, claro).

No os obsesionéis con llenar las maletas de ropa, porque necesitaréis espacio a la vuelta. En el hipotético caso de que haya un cambio brusco de temperatura y os haga falta algo, en Uniqlo encontraréis de todo y es muy muy barato (además de tener colecciones de camisetas frikis muy chulas por 980 yenes). Y hay más Uniqlos que botellas de coca-cola en Japón.

-En Japón, en la mayoría de los probadores se entra sin zapatos. Conviene saberlo, porque no es agradable que te aporreen en la puerta mientras estás en calzoncillos para decirte que tienes que dejar los zapatos fuera.

-Los españoles somos de las pocas nacionalidades que no necesitamos visado para visitar el país. ¡Arigato gozaimasu!

-No sé si será así en todas las épocas del año o si será una cuestión del polen en abril, pero contra todo pronóstico, el aire en Japón es muy seco. Había escuchado lo de que todo el mundo tiene humificador, pero no creí que fuera tan extremo. Nosotros tuvimos la nariz y la garganta secas todo el viaje, algo bastante incómodo, así que no está de más llevarse suero fisiológico y pastillas tipo Lizipaina.

-Llevad todos los yenes en metálico que podáis (80.000 por persona no es descabellado). Hay muchos sitios donde no aceptan tarjeta de crédito (de débito no se acepta en ninguno), y si intentáis sacar dinero en metálico allí os van a clavar una buena comisión.

-Por último, probad de todo: comed todo tipo de dulces, no digáis que no a ninguna comida, dadle a todos los botoncitos del wc, probad todas las bebidas raras de las máquinas de vending… ¡Eso es Japón!

(Primera parte de la guía)


© David B. Gil sobre texto y fotos

  Páginas webs que os ayudarán a preparar el viaje: http://www.razienjapon.com/p/como-viajar-japon.html http://blogdetermico.blogspot.com.es/ http://www.nippon.com/es/features/h10003/ http://japonismo.com/blog/category/viajar-por-japon

Guía rápida para viajar a Japón (parte I)

Guía viaje japón, Osaka, Dotonbori

Desde que hemos vuelto de Japón, varias personas nos han preguntado por la logística del viaje, cuánto nos ha costado y consejos que pudiéramos darles de cara a su propia aventura japonesa. Parece que hay interés por hacer turismo por el país del sol naciente, así que he pensado en hacer un compendio de conocimientos útiles a la hora de preparar el viaje que, además, nos puede servir a modo de “auto guía” cuando preparemos nuestro segundo viaje al país del Fuji-san. Porque, señores, si algo tengo claro es que una sola visita no basta. Yo me he quedado con ganas de más. Así que, como diría el general Tani, “al turrón”:

Coste del viaje

Todo aquel que está interesado en hacer su primer viaje a Japón se plantea una misma pregunta: ¿cuánto dinero necesito? Aquí no puedo ser taxativo, porque nosotros hicimos parte de nuestro viaje organizado y parte por nuestra cuenta. Otros blogueros y guías de viaje suelen señalar que se necesita unos 2.000 euros por personas para cubrir los gastos de un viaje de dos semanas. Me parece una cifra razonable, aunque dependerá de una serie de factores que sólo se concretarán cuando empecéis a preparar el viaje: la suerte que tengáis con el precio de los vuelos, el tipo de alojamiento que queráis, la temporada y, no menos importante, a cuánto esté el precio del yen en el momento.

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Meiji Jingu, uno de los santuarios sintoístas de Tokio.

Comidas

Lo primero que quizás os sorprenda es que, a día de hoy, Japón es un país más barato que España. No sólo porque acaban de devaluar el yen (por 1€ vienen a darte 140 yenes más o menos), lo que  hace que sea una buena época para viajar allí, sino porque no existe la cultura de sangrar al turista. Lo más barato es comer: si vas a restaurantes de comida autóctona (sushi, ramen, izakayas) puedes comer por unos 1.000 yenes por persona y quedar bastante lleno. Yo he llegado a cenar sushi como si no hubiera un mañana y encontrarme una cuenta de 3.000 yenes para dos, apenas 22 euros. Además, en todos los restaurantes sirven gratis agua con hielo (pedid “ice water” que os entenderán), y en los de sushi y pasta suelen tener además termos con agua caliente y matchá (polvo de té verde) para que te prepares té a tu discreción, todo ello gratis. Ahora bien, si pides bebidas, en especial alcohol, la cuenta sube bastante. Una cerveza puede costarte casi la mitad que la comida, pero como nosotros no bebemos alcohol, pues eso que nos ahorramos. Otra opción más económica aún es comprar comida en los supermercados (tienen todo tipo de bandejas de comida preparada) o comprar en los puestos de comida callejera. Lo bueno es que en Japón se come bien en todos sitios, el agua del grifo es potable (de más calidad que la nuestra, diría yo) y no te van a engañar en ningún local con precios disparatados. La cosa cambia si entras en restaurantes “exóticos”, es decir, de comida europea (restaurantes italianos y españoles hay a patadas), o en alguno de sushi “gourmet”. Pero vamos, que no te vas a meter sin querer en uno de esos, y a unas malas, la cuenta viene a salir más o menos como en España.

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Té verde pulverizado (matcha) preparado con brocha.

Lo más caro, por el contrario, es el alojamiento y el desplazamiento. Pero a eso llegamos ahora.

Desplazamiento

El precio del billete de avión, como siempre, dependerá de dejarte las pestañas en Skyscanner hasta encontrar lo más barato. Sí os digo que comparando opiniones parece ser mejor viajar con Turkish Airlines o alguna aerolínea árabe que con Air France. Al parecer los aviones son más modernos y los asientos más amplios (cuando te llevas 12 horas enlatado no es ninguna tontería). Sin embargo, no suelen hacer escala en la UE. Quizás sea una catetada, pero yo estaba más tranquilo haciendo escala en París o Frankfurt que en Dubai. Respecto al avión hay una cosa que está bien saber y que a nosotros no nos dijeron: en estos vuelos tan largos siempre hay una zona de catering gratuito para servirse zumos, refrescos, pastelillos e incluso helados. Se hace por necesidad: el aire acondicionado deshidrata que da gusto y como no bebas frecuentemente vas a llegar a destino como si te hubieran dado una paliza.

Respecto al desplazamiento dentro de Japón, lo primero que se debe hacer es tramitar la Japan Rail Pass. Hay que hacerlo desde tu país de origen (allí no se puede obtener) y cuesta 197€ para una semana y 315€ para dos. Con ello podrás tomar cuantas veces quieras los trenes de JR Line, que conectan las principales ciudades del país. JR también tiene muchas líneas urbanas, como la (muy fundamental) Yamanote en Tokio, con lo que también os servirá para moveros dentro de las ciudades.

Guía viaje japón, Osaka
Foso del castillo de Osaka.

Y con eso pasamos al transporte metropolitano: las ciudades grandes como Tokio, Osaka y Kioto tienen líneas de metro (gestionadas por la compañía de transporte local correspondiente) y líneas de tren urbano, que pueden ser de JR o de otras empresas. Es importante saberlo porque el bono metro sólo sirve para el metro y la JR Pass para las líneas de JR, no para el resto de empresas, aunque a veces compartan estación. En realidad no es tan complicado: al 80% de los sitios vais a poder llegar con el metro y en la mayoría de los casos los trenes urbanos sólo sirven para hacer algunos trayectos más directos. De hecho, en todo el viaje sólo utilizamos los trenes urbanos en dos ocasiones: la Yamanote de JR, que es la línea circular de Tokio y que es muy útil para ir de un extremo a otro de la ciudad (se puede cruzar en metro, pero hace muchas más paradas y debes hacer algunos trasbordos), y la Yurikamome, una línea de otra empresa privada que te lleva a la isla de Odaiba en Tokio (donde está la estatua 1:1 de Gundam) y que es famosa por ser un tren sin conductor.

Guía viaje japón, tokyo, odaiba
La Bahía de Tokio desde la isla artificial de Odaiba.

El precio del metro no va como en España, no pagas un billete y haces todos los trasbordos que quieras, sino que va por tramos. Me explico: junto a las máquinas expendedoras de billetes (calma, se pueden poner en inglés) hay un plano del metro de la ciudad en el que se indica en qué parada estás, y el resto de las estaciones vienen con un precio en yenes debajo. Es lo que deberás pagar por ir hasta ese punto. Obviamente, cuanto más lejos esté la estación, más caro será el billete. Es más fácil en la práctica que sobre el papel: buscas en el panel el nombre de la estación a la que quieres ir, observas el precio indicado debajo (170 yenes, por ej.), te diriges a la máquina expendedora y compras un billete de 170 (la máquina lista todos los precios posibles). Incluso si te equivocas o decides bajarte en una parada más lejana, no hay problemas: antes de los tornos de salida de cada estación hay cajeros de “Fare adjustment”, metes tu ticket ahí y te indica la diferencia a pagar. Luego te devuelve tu billete y ya puedes salir por los tornos. Es importante conservar el billete durante todo el trayecto porque deberás pasarlo tanto para entrar como para salir del metro. La compra de billetes para las líneas de tren funciona exactamente igual. Y en última instancia, en Tokio (que es donde más se usa el transporte público) un bonometro de un día cuesta poco más de 700 yenes. Con ese te olvidas de estar mirando precios y tal, simplemente te montas y te bajas donde quieras.

Guía viaje japón, tokyo, yoyogi
Yoyogi, el principal parque metropolitano de Tokio.

Ah, y para ir del aeropuerto de Tokio a la ciudad (y viceversa) hay varias opciones. Yo no me complicaría la vida e iría en el tren Skyliner de la empresa Keisei, que tarda unos 40 minutos (hay autobuses que tarden más de hora y media sin que haya una gran diferencia de precio). Hay mostradores de Keisei en el propio aeropuerto y en las estaciones urbanas de Nippori y Tokyo Station.

Para que veáis lo apañado que soy, aquí os dejo un enlace con el mapa de la Japan Rail Pass y de las principales líneas de metro del país (http://www.jrpass.com/map), y otro que explica cómo moverse desde los principales aeropuertos internacionales japoneses (Narita, Haneda y Kansai) (http://www.nippon.com/es/features/h10003/).

Idioma

Es lo que más puede preocupar en un principio. No hay motivo para ello. Es cierto que los japoneses apenas hablan inglés (puede que incluso menos que nosotros), pero a cambio son excelentes anfitriones y ponen todo el empeño del mundo por comunicarse, así que con unas cuantas palabras básicas en inglés que todo el mundo conoce y el lenguaje gestual no vais a tener problemas. De cualquier modo, no vendría mal aprenderse una serie de expresiones básicas que pueden sernos útiles, además de ser una deferencia a nuestros anfitriones. ¿Por qué decir “thank you” cuando cuesta lo mismo decir “arigato”? La fundamental de todas, os lo adelanto ya, es “sumimasen” que sirve tanto para disculparte cuando metes la pata (algo que los gaijin hacemos a menudo) como para llamar al camarero. Por lo demás, todos los carteles están escritos en japonés y debajo en “cristiano” (o romaji, como se llama nuestro alfabeto en Japonés), así que no hay problemas para identificar nombres de paradas, estaciones y demás.

Guía viaje japón, nara, todai-ji
Entrada al templo Todai-Ji (Nara).

Respecto a algo tan básico como pedir la comida, hay algunos trucos básicos (obviando la opción McDonalds y demás comida rápida, para comer eso te quedas en casa, digo yo). El primero es buscar restaurantes de comida japonesa que en la puerta indiquen que tienen la carta en inglés (hay bastantes). El segundo es buscar un kaiten sushi, restaurantes donde el sushi pasa en una cinta transportadora por delante de tus narices; vas cogiendo el que te apetece (en función del color del plato tienen un precio u otro, perfectamente indicado en la carta) y cuando terminas sólo tienes que llamar al camarero, que repasa los platos y te da la cuenta para que la pagues en la caja al salir. El tercer truco es entrar en cualquier sitio, sin preocuparte si te van a entender o no, que la camarera ya te pondrá la carta por delante (todas tienen fotos) y con el gesto internacional del dedazo señalas lo que quieres. Luego dices mucho “arigato” cada vez que te traigan algo y a disfrutar.

Guía viaje japón, osaka
Excursión escolar disfrutando del “hanami”.

El sistema para pagar es siempre el mismo: se dice “sumimaseeeen” para llamar al camarero (es importante alargar la última e, ya se os quedará el canturreo de tanto escucharlo), y a continuación “okanyo” (“la cuenta”). Te la traerán a la mesa y con ella debes dirigirte a la caja. En otros (muy pocos) hay un botón para llamar al camarero. Lo importante es saber que siempre se pide la cuenta en la mesa y se paga en la caja junto a la salida. Excepto en los restaurantes tipo MacDonalds, que se paga como aquí, al pedir.

Alojamiento

El alojamiento en Japón NO es barato, pero no llega a los niveles disparatados de algunas capitales como Londres. Nosotros contratamos en booking el hotel Remm Akihabara, en pleno barrio de Akihabara, y nos costó 110€ la noche; las habitaciones eran muy pequeñas, pero todo completamente nuevo y muy funcional. Sé que en Tokio es muy popular entre los españoles el hotel Edaya. Pero en cualquier caso, a Booking y Trivago os remito. Lo que sí recomendaría es que, al menos una noche, durmáis en un ryokan: un hotel típico japonés con onsen (baños termales japoneses), donde os darán kimonos para ir por el hotel y en los que las habitaciones tienen tatami. Una experiencia 100% japonesa que merece la pena. Hay ryokans por todo el país, cerca de Tokio son populares los del pueblo de Hakone (se llega en 40 minutos con el tren Romancecar http://www.odakyu.jp/english/romancecar). También son populares los de la localidad de montaña de Takayama.

Guía viaje japón, nara, ciervos
Parque de los ciervos en Nara.

En el caso de que optéis por un ryokan, no dudéis en probar el onsen, pero hay que tener en cuenta que en Japón los baños termales son un ritual con sus propias normas. La primera y fundamental de ellas es que no puedes meterte en las piscinas de agua templada sin haberte lavado el cuerpo (ostensiblemente) en las zonas habilitadas para ello (las reconoceréis porque tienen taburetes bajitos con un pequeño barreño de agua y grifos de agua caliente delante). Tampoco hay que preocuparse, en la mayoría de los ryokan hay unas breves instrucciones para los turistas, pero por si os preocupa la experiencia, aquí enlazo una completa explicación (http://www.kusuyama.jp/es/blog/how-to-onsen/). Por cierto, algo que choca a algunos occidentales: en el onsen no se puede usar bañador. Así que tímidos, absteneos.

Y hasta aquí la primera parte de esta especie de guía rápida. En la próxima entrega: lugares a visitar en las principales ciudades del país y lista de tips y truquillos básicos que os vendrán bien una vez estéis allí. Todo ello al módico precio de un click. No me os podréis quejar.

(Segunda parte de la guía)


© David B. Gil sobre texto y fotos

 

Japón, primeros apuntes

Esto no es un blog de viajes, pero pocas veces tiene uno la oportunidad de pasar un par de semanas en Japón, así que me vais a perdonar que os ponga los dientes largos. Ahora mismo nos encontramos en un autobús que nos lleva por pueblos de montaña como Takayama y Tsumago, una región por la que pasaba la antigua ruta Nakasendo y que aún conserva mucho de su idiosincrasia, como las antiguas casas con techo de paja (gasho-zukuri) y algunas de las hospederías donde se alojaban los samuráis que recorrían el camino oficial con destino a Edo.

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Es nuestra primera inmersión en el Japón más rural. Hasta ahora sólo hemos conocido la otra cara del país: la de una modernísima metrópolis como Osaka o la suntuosa historia de la capital imperial, Kioto. A falta de conocer la gran megalópolis que es Tokio, sólo puedo decir que las grandes ciudades japonesas me están pareciendo muy distintas a las europeas: ordenadas, extremadamente limpias, poca contaminación y concienciadas de la necesidad de tener un espacio natural (ya sea un parque o un jardín) en cada barrio y cada calle.

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En Kioto, por ejemplo, basta con apartarse un poco del bullicio de las grandes avenidas comerciales para encontrarse con vecindarios de atmósfera sosegada, escasos de turistas pero repletos de tiendas de barrio, talleres de artesanía o izakayas. No sé cómo serán Nagoya u otras grandes urbes, pero Kioto parece la ciudad ideal: cosmopolita, bonita y cómoda. Hasta la última callejuela tiene su encanto, no digamos ya su infinidad de templos y santuarios, o los barrios tradicionales como Gion y sus geikos (la actitud de los turistas con estas chicas, la manera en que se lanzan en su camino para fotografiarlas sin permiso, ya es otra cuestión).

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No voy a ser como los que pasan una semana en un país y ya pretenden pontificar sobre el mismo, sólo tengo mis impresiones, pero por ahora son inmejorables. Venía enamorado de la cultura y la historia japonesa, pero creo que lo que más me está sorprendiendo es su gente. En pocos días ya tenemos varias anécdotas de personas que viéndote confuso o despistado, se acercan e inician una conversación para intentar ayudarte. No importa que apenas hablen inglés o que sepan que la charla va a resultar confusa, al menos lo intentan. El primer día que cenamos fuera en Osaka, en un “kaiten sushi” con su cinta transportadora de platillos, nuestro vecino de barra se encargó de explicarnos todo a base de gestos y buena voluntad: el precio de los platos, cómo prepararte el té verde, cómo amontonar los platos para que el camarero los cuente… Y no ha sido el único que ha acudido al auxilio de estos turistas despistados. Es difícil no sentirse bien recibido, y uno no puede evitar recordar experiencias anteriores en grandes ciudades europeas mucho menos acogedoras con el visitante.

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De los japoneses se dice que sufren una presión que sería insoportable para cualquier occidental en los estudios y el trabajo, se habla de su exagerada contención de las emociones, de su obsesión por el protocolo… Por ahora sólo puedo decir que son personas atentas, afectuosas y con bastante sentido del humor (nuestra guía, Yuriko, da prueba de ello cada día). En absoluto frías. La sensación general es que agradecen sinceramente el que alguien muestre interés en su país.

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Y a todo esto hay que sumar que la flor de cerezo nos está acompañando durante el viaje. El espectáculo de girar una esquina y encontrarte con un canal flanqueado de sakuras es sobrecogedor, o contemplar mientras esperas el tren cómo el río arrastra las pinceladas rosas que han nevado sobre la corriente. No sé cómo será vivir en Japón, no sé si será una sociedad tan inhóspita como algunos dicen, pero os aseguro que visitar este país está resultando una experiencia inolvidable.

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47 Ronin, la epopeya samurái vista por el cómic USA

La leyenda de los 47 ronin vuelve a estar de moda merced a la (inefable) adaptación cinematográfica llevada a cabo por Hollywood. Pero este volumen de 150 páginas publicado por Planeta –recopilación de la miniserie de cinco números de Dark Horse Comics– poco tiene que ver con el blockbuster protagonizado por Keanu Reeves (gracias al cielo y a los “ocho millones de kamis”, he de añadir). De hecho, la aproximación a la historia es diametralmente opuesta: si la versión cinematográfica dirigida por Carl Rinsch era una suerte de abominación hipertrófica, la adaptación realizada por Mike Richardson y Stan “Usagi Yojimbo” Sakai es sutil, inteligente y decididamente respetuosa con un relato, mitad Historia mitad mito, que forma parte del imaginario cultural japonés. No en vano, el propio Richardson se encarga de citar el viejo dicho de que “conocer la historia de los 47 ronin es conocer Japón”.

El problema es que conocer la realidad en torno a dicho suceso no resulta tan sencillo. Los acontecimientos relativos a los 47 ronin, en efecto, sucedieron (las 47 tumbas de estos guerreros samuráis se pueden visitar en el templo Sengaku-ji, en Tokio), pero como ocurre con otros muchos eventos y personajes de la historia japonesa pre-moderna, los hechos saltaron inmediatamente a la narrativa popular: representaciones de kabuki, teatro de marionetas bunraku, poesía, grabados ukiyo-e, cuentacuentos… Todos contribuyeron a popularizar la hazaña de los 47 ronin casi desde el mismo día de los acontecimientos, pero también distorsionaron los hechos y a sus protagonistas, los exageraron, los deformaron y, en definitiva, los dramatizaron.

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En esencia, 47 Ronin narra la venganza llevada a cabo por los samuráis del señor feudal Asanao Takumi-Naganori después de que éste se suicidara por orden del shogún tras un conflicto con el funcionario Kira Yoshinaka. Según la historia, Kira, ofendido por las reiteradas negativas de Asano a pagar los sobornos a los que los funcionarios estaban habituados, tiende una trampa al señor de la provincia de Ako: conocedor del orgullo de los grandes daimios, aprovecha un encuentro privado en el palacio de los Tokugawa para humillar y provocar al señor Asano hasta que éste desenfunda su espada para hacerle callar, un gesto castigado con la muerte en la residencia del shogún. Esta es la premisa común a todas las adaptaciones de la leyenda de los 47 ronin, que posteriormente se centran en explicar cómo Oishi Kuranosuke Yoshio, jefe de los samuráis del señor Asano, entrega el castillo de su amo acatando la ley del shogún, sólo para consagrar el resto de su vida a la elaborada venganza que ha de restituir el honor de su señor.

Sobre esta historia base hay un sinfín de variaciones que ponen el énfasis en uno u otro aspecto del relato, hasta el punto de que resulta difícil conocer cómo sucedieron realmente los acontecimientos. Mike Richardson, guionista del cómic a la sazón que fundador de Dark Horse, aborda el proyecto, no obstante, con la devoción de un amante de la cultura japonesa en general y un devoto de esta leyenda en particular. Esto se traduce en que la versión de los 47 ronin que tenemos entre manos se cimienta en un amplio trabajo de documentación acometido por Richardson durante casi dos décadas, con el asesoramiento (intuimos que resignado) de un mito del manga: Kazuo Koike, autor de El lobo solitario y su cachorro, quizás el cómic de samuráis más importante de todos los tiempos, publicado en Estados Unidos precisamente por Dark Horse.

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Con esta sólida base documental, el guion elaborado por Richardson muestra una versión estilizada de los acontecimientos, carente de histrionismo y grandes exageraciones, pero con una idealización de los personajes y de la figura del samurái digna de los manuales de Yamaga Soko. Nada que achacarle, pues no estamos ante un trabajo de reconstrucción histórica, sino ante un relato de ficción que busca entretener al tiempo que es consecuente con la (posible) realidad de los acontecimientos.

Sin embargo, donde el guionista no ha querido hacer concesiones es a la hora de recrear con total fidelidad los ambientes y detalles del Japón del periodo Edo: arquitectura de los castillos, escenarios interiores, el emblema de los clanes, el aspecto de los ciudadanos de la gran metrópolis feudal, sus usos a la hora de vestir, de desenvolverse… incluso sus poses a la hora de sentarse o de comer. Todo ello debía estar recreado de manera minuciosa y fidedigna. Creo no equivocarme si digo que fuera de Japón sólo existe un autor con un conocimiento tan profundo del periodo histórico y de la cultura samurái como pretendía Richardson, un autor que, para colmo, trabajaba en su propia editorial: Stan Sakai.

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El creador de Usagi Yojimbo no sólo aporta su experiencia a la hora de trasladar los ambientes y personajes del Japón feudal a la viñeta, sino que embebe todo el relato de su peculiar estilo narrativo, con ilustraciones próximas al cartoon y una cadencia pausada que nos permite deleitarnos en los matices de la historia y de los personajes. Apenas hay sangre en las páginas dibujadas por Sakai, la violencia se encuentra estilizada, carente de brutalidad o realismo, pero la expresividad de sus samuráis, la dignidad de sus rostros o la profunda determinación de sus acciones están representadas con una potencia sólo al alcance de un maestro de la sencillez. En esta época en la que el cómic norteamericano gusta de abusar de viñetas mastodónticas y splashpages, resulta casi balsámico toparse con la narración comedida de Stan Sakai. Especial atención al uso del código de colores, con una paleta dominante para cada estación del año, o a cómo cada capítulo comienza desde la perspectiva de unas ramas de cerezo, cuyas flores nos indican, igualmente, el periodo del año y el desarrollo de los acontecimientos. Atención también a las tres últimas viñetas del volumen; no desvelaré nada, pero cuántos ilustradores no hubieran optado por la espectacularidad para representar la escena, por un gran pin-up de lucimiento personal. Sakai, sin embargo, la resuelve con absoluta sencillez, con viñetas pequeñas que te sobrecogen, con la aplastante potencia de la simplicidad.

No suele haber muchos buenos cómics de samuráis producidos en Occidente. 47 Ronin lo es, tanto por el respeto con el que aborda la leyenda japonesa como por la implicación personal de sus autores, que si bien pueden haber aprovechado el tirón comercial que aporta toda superproducción hollywoodiense, nos ofrecen un cómic que, a todas luces, no es un trabajo oportunista. 8

Terremoto y tsunami en Japón

El viernes me desperté y puse la TV para escucharla mientras me afeitaba (como hago siempre), pero me quedé clavado delante de la pantalla: estaban mostrando en directo cómo un tsunami avanzaba hacia la costa norte de Japón, a punto de llegar a Miyagi. Tsunami, ese fenómeno natural que toda la vida ha tenido nombre en español (maremoto) pero que el pueblo japonés se ha ganado el derecho a bautizar, por haberlo sufrido más que nadie. Ese día fui sin afeitarme al trabajo porque no pude despegarme de la TV, y mientras veía las imágenes del terremoto y sus efectos en Tokio, me acordaba de la gente que conozco en esa ciudad, o que han nacido allí y tienen en ella a sus familias. Personas a las que no conozco en persona, pero de las que tengo noticias a diario a través de sus blogs, con las que me comunico frecuentemente, a través de mensajes, correos electrónicos o tweets, y estuve preocupado por ellos hasta que, poco a poco, han ido dando señales de vida.

Es curioso lo que Internet nos está haciendo a la gente: nos hace empatizar con personas a las que no hemos visto y, probablemente, no veremos jamás. Se ha hablado mucho de que la información y el periodismo ha cambiado drásticamente en los últimos años, ya no dependemos de los medios de comunicación para saber lo que pasa en el mundo, sino que a través de YouTube, Flickr, los blogs, Twitter… los ciudadanos nos hemos convertido en cronistas de nuestra realidad. Pero creo que la verdadera aportación de Internet, lo que realmente está consiguiendo, es que ya no asistamos a los dramas de forma deshumanizada, que estas tragedias no se queden en macabras cifras en los titulares, sino que se conviertan en algo que te afecta personalmente, porque eso que ahora llamamos redes sociales o Internet 2.0 te acerca de manera personal y emocional al otro lado del mundo.

He visto vídeos en YouTube de gente asustada en las oficinas, en sus casas, en los supermercados… he leído cientos de tweets de gente que estaba contando en directo lo que vivían, he leído entradas en blogs que sólo buscaban tranquilizar a los amigos que por allí pasamos (imagínate, con el caos en que se debe haber convertido sus vidas, acordarte de abrir tu ordenador para decirle a unos pocos que estás bien, que sigues vivo). Ayer dejé de informarme del desastre a través de los medios profesionales, y empecé a hacerlo a través de los mensajes que la gente dejaba en los blogs o a través de Twitter, porque tenía la impresión de que me daban una perspectiva más real de la situación que la prensa, tan obsesionada por sus titulares gruesos y sus macabros contadores de víctimas (mi enhorabuena a ElPais.com, que no ha dado una sola cifra sobre el número de víctimas, y se ha limitado a informar sin centrarse en los detalles escabrosos o el “drama humano”, como eufemísticamente se le llama en la profesión a lo que no es más que morbo).

Tristemente, el pueblo japonés está acostumbrado a sufrir, su estoicismo y capacidad de superar situaciones adversas son bien conocidas, y Japón es un país que ha luchado contra los terremotos y sus efectos durante toda su historia, por lo que, probablemente, no exista nación mejor preparada para una catástrofe como ésta. Es cierto que en otros países un terremoto de 8,9 hubiera supuesto una auténtica masacre (el de Tailandia en 2004 tuvo una intensidad 7,8 richter), pero desde allí nos insisten en que lo peor no ha sido el terremoto, sino el tsunami que sobrevino después. Por más que las personas intentemos prepararnos, la naturaleza insiste en recordarnos que estamos a su merced.

Sólo quería desear ánimo a todos los japoneses que han visto como su vida se ha desmoronado a su alrededor en unos pocos segundos, y enviar un fuerte abrazo a nora, Macarena, Oskar, MiuMiu, Nuria y a todos los que forman parte de mi día a día, quizás sin que ellos lo sepan.