2016, el año que viví como escritor

Echando la vista atrás para poner un poco en orden qué ha supuesto para mí este 2016, creo que la mejor forma de resumirlo es como el año en que me convertí en escritor. Una definición peculiar, dirán algunos, teniendo en cuenta que ya en 2014 había escrito mi segunda novela y que en 2015 comencé a trabajar en la tercera (la que ahora me roba el sueño), pero personalmente creo que uno es escritor cuando los demás comienzan a considerarte como tal, y para mí eso ha sucedido este pasado año.

Hasta hace poco, escribir había sido una actividad solitaria que rara vez existía más allá de las cuatro paredes de mi estudio: los amigos no solían preguntarte por las ventas o por lo que andabas escribiendo; los lectores no tenían rostro y, a menudo, tampoco nombre, solo podías conocerlos a través de un avatar o una reseña en Amazon; tampoco conocía a otros escritores con los que hablar de cosas de escritores, y mucho menos a editores que estuvieran pendientes de mis textos. No me entrevistaban en los medios ni nadie me pedía artículos o colaboraciones sobre temas de los que me creen expertos (ja). En definitiva, escribir era algo bastante íntimo, una suerte de reclusión en mi personal fortaleza de la soledad, pero los muros de hielo saltaron por los aires a raíz de la publicación de Hijos del dios binario el pasado mes de marzo.

Y ese ha sido el otro factor que me lleva a considerar 2016 mi primer año como escritor: por vez primera, la actividad literaria ha desbordado los diques y ha ocupado toda mi vida; no he tenido tiempo para estudiar o para trabajar en ninguna otra cosa, dedicando todas las horas “lectivas” a escribir, documentarme, editar, preparar charlas, presentaciones y “promocionar”, ese término demasiado amplio que abarca desde la exigencia de estar en las redes sociales hasta las entrevistas con cualquiera que te lo pida, ya sean TV locales, radios regionales, podcasts literarios o matinales a nivel nacional con un millón de oyentes (¿os he dicho ya que a los periodistas nos resulta incómodo el asiento del entrevistado?).

Un año difícil de abarcar, si os digo la verdad, porque aquello que se vive por primera vez se vive más intensamente, y porque cuando experimentamos lo nuevo el tiempo se dilata falseando nuestra percepción. Parece que hayan pasado años desde la presentación de Hijos del dios binario en Málaga (allá por el 17 de marzo), y apenas han sido 10 meses. Una celebración, más que una presentación, en la que esperaba a la familia y a los amigos (gracias a Juan Cuadra y Carlos Sisí por sentarse a la mesa conmigo y cubrirme las espaldas), pero que me sorprendió con la presencia, además, de lectores a los que no conocía de nada, gente que estaba ahí porque había leído El guerrero a la sombra del cerezo y, sencillamente, les interesaba lo que yo escribía.

Otra de las fotografías que me deja el año es una segunda presentación, esta vez en la mítica librería Gigamesh de Barcelona, catedral de la literatura de género en este país. Arropado por mi Agente-Bruja y por el Librero del Mal, y flanqueado en la mesa por Miquel Codony y Enric Pardo, presentar mi libro en un lugar tan mítico, del que uno ya leía en los fanzines de adolescencia, ha sido uno de los más inesperados logros que he desbloqueado en este juego de la vida.

Y como una ráfaga de obturador rápido, al echar la vista atrás también me llegan las sesiones de firmas en el Corte Inglés, en la FNAC, junto a esa escritora hiperactiva e hiperencantadora que es Concepción Perea, o en las ferias del libro de Málaga, Sevilla y Madrid. Quedan los rostros sonrientes y la necesidad de improvisar dedicatorias que no se repitan, pero sobre todo queda la honda huella que te dejan los lectores. A lo largo de este año no ha dejado de sorprenderme que la mayoría de los que se acercaban a mi mesa lo hacían porque habían leído El guerrero a la sombra del cerezo. Su entusiasmo por la historia, su implicación con unos personajes que han hecho suyos, y esa expresión de agradecimiento hacia quien los ha escrito, es una de las cosas más abrumadoras que he sentido en mi vida. Y es adictivo, vaya si lo es.

Podría seguir hablando de la tinta digital que se ha derramado sobre Hijos del dios binario (ser publicado por una editorial como Suma de Letras te pone un foco encima, aunque estés lejos de ser uno de los puntales de su catálogo), del programa especial sobre la novela emitido en Fallo de sistema, de la cobertura en podcast, blogs, televisiónprensa y emisoras de radio, pero creo que el balance más importante está hecho.

¿Qué he aprendido a lo largo de este año? Aún no lo tengo claro. Saco conclusiones aisladas, pero me cuesta conectarlas para conformar un “gran aprendizaje” de todo esto. He constatado cosas que sabía de oídas, como lo difícil que es vender libros en España; he descubierto otras nuevas, como lo equívoco que es el concepto de éxito en nuestra sociedad, en la que muchos creen que por ver tu libro en la FNAC o por aparecer en los medios ya has triunfado en eso que te propusiste. Pero si algo me ha quedado claro es que la mayoría de autores estamos de paso en el negocio: escribir es un oficio muy castigado en este país, y el escritor, entendido como ese animal que vive de lo que escribe y que publica y publica a lo largo de los años, está en vías de extinción. 2016 es mi primer años como escritor, pero no sé si será el primero de muchos. Por el momento, en 2017 vuelvo a pisar la arena: El guerrero a la sombra del cerezo, la novela que me ha obsesionado durante años, se publica en papel. Un nuevo impulso a la rueda, se reinicia el ciclo.

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Tres meses de ‘Hijos del dios binario’

David B. Gil está firmando

Hoy hace justo tres meses que Hijos del dios binario salió a la venta, y en la industria suele considerarse que un libro es novedad durante ese primer trimestre. Después de este tiempo, va desapareciendo poco a poco de las mesas de novedades y pasando a las estanterías, donde pierde casi toda visibilidad (y de ahí, si vende poco o nada, pasa a los tan temidos paquetes de devoluciones). Aunque mucho me temo que eso de los tres meses “de gracia” es más bien una convención heredada de otra época, una en la que las editoriales publicaban a un ritmo más mesurado y las novelas tenían más tiempo para respirar en los escaparates, más espacio para encontrar a su público. A día de hoy, el aluvión de novedades que llegan a las librerías cada semana va empujando hacia el fondo de la tienda a aquellos libros que llegaron poco antes.

Hijos del dios binario

En cualquier caso, esto significa que, a partir de ahora, Hijos del dios binario tendrá que vivir de la promoción que pueda hacer por mi cuenta y, sobre todo, del boca a boca, de la recomendación de un lector a otro, que no deja de ser el mejor marketing que puede existir, tan eficaz como incontrolable. Afortunadamente, creo que la recepción de la novela está siendo bastante buena, y espero que con un poco de suerte los primeros lectores se vayan convirtiendo en prescriptores y se siga difundiendo la palabra del dios binario. El tiempo dictará sentencia; por ahora solo puedo decir que estos tres meses han sido un máster acelerado en esto de promocionar un libro, una dosis de realidad editorial reconcentrada que me ha hecho comprender, entre otras cosas, que cuesta mucho hacerse un hueco en un mercado tan saturado, y que cada ejemplar vendido es una pequeña victoria que celebrar.

Han sido tres meses de presentaciones, la primera de ellas en Málaga, flanqueado por dos colegas como Juan Cuadra y Carlos Sisí y rodeado de familia, amigos y lectores. Regocijo compartido, momentos emocionantes, muchas risas y cantidad de firmas (incluidas algunas de los maestros de ceremonia) en la única presentación que, según muchos dentro del sector, tiene sentido. Y es que a poco que uno se acerque a cualquier presentación de un escritor “foráneo”, verá que, por más bestseller que sea el autor, los asistentes se cuentan con los dedos de dos manos (o de una). A no ser que estemos hablando del famoso de turno, claro.

Mucho más eficaz es el formato empleado por la gente de Biblioforum, con charlas tematizadas sobre literatura que sirven, además, para dar a conocer al público determinadas obras y autores. En mi caso, la escritora, presidenta de Biblioforum (y muy buena amiga), Concha Perea, tuvo a bien invitarme como ponente a una charla sobre “La ciencia ficción en otros géneros” en la Fnac de Sevilla, donde compartí mesa con ella y con Luis Manuel Ruiz. Además de pasar un buen rato hablando sobre mi género literario favorito, me sirvió a modo de presentación oficiosa de Hijos del dios binario en la capital hispalense. Si a ello le sumamos que los binarios se agotaron en dicha Fnac, y casi conseguimos arrasar también con los de la Casa del Libro y El Corte Inglés (las tres tiendas se encuentran en línea recta), estoy por asegurar que el formato Biblioforum funciona mejor que bien.

Y para cerrar el ciclo de presentaciones me fui hasta Barcelona, nada más y nada menos que al Templo de la Fantasía y la Ciencia Ficción en nuestro país: la librería Gigamesh. Os diré que presentar en Gigamesh es una de las cosas más alucinantes que haré en toda mi vida. Si alguna vez pudiera volver atrás en el tiempo y hablar con el fan-lector que fui (soy y seré), le podré decir: «vas por buen camino, chaval, presentarás tu libro en Gigamesh y prologarás cómics de Watchmen». Habría sido una paradoja abierta, que la llamaría Miquel Barceló, porque probablemente hubiera muerto fulminado por la emoción en ese mismo instante y nunca hubiera podido escribir Hijos del dios binario ni los artículos para DC Comics. Por suerte, la presentación en Gigamesh me ha cogido más talludito y no solo sobreviví a la emoción, sino que logré articular un discurso más o menos inteligible. Para los que no me creáis, aquí os dejo el vídeo del evento que la librería tuvo a bien transmitir en directo a través de su canal de YouTube.

La presentación estuvo auspiciada por El Librero del Mal y mi superagente, Txell Torrent, que no solo se encargaron de que todo fuera como la seda, sino que me procuraron una estancia (y una cena) memorables, y me buscaron dos soberbios escoltas para el evento: el escritor y guionista de El Terrat, Enric Pardo, y el ubicuo Miquel Codony, uno de los tipos más leídos en cuanto a literatura de género que encontraréis por la Red. Sé que la presentación (y las activas recomendaciones de Antonio Torrubia, el ya mentado librero malevo) han ayudado mucho a que Hijos del dios binario se coloque por dos meses consecutivos en el Top de ventas de Gigamesh, así que esperemos que los señores editores den por bien sufragada la expedición y me lleven a repetir presentación el próximo año, si es que todo sale según lo previsto con El guerrero a la sombra del cerezo.

A las presentaciones hay que sumar el ciclo de entrevistas en podcasts como Los 4 navegantes (espectacular charla con los cuatro integrantes de este espacio literario, más un par de polizones que se colaron en la cubierta), además de en medios regionales y nacionales. La más especial de todas ellas, quizás por ser oyente habitual del programa, fue la que me hizo Santiago Bustamante para su programa en RNE 3: Fallo de sistema. Y es que disfrutar de un “system failure” dedicado casi íntegramente a Hijos del dios binario fue toda una experiencia que disfruté, tanto durante la grabación como escuchándolo posteriormente en la emisión.

Y por último, las sesiones de firmas, que te permiten conocer en persona a los lectores, charlar con ellos un rato, intercambiar impresiones… No exagero si digo que es lo más gratificante de todo esto de poner un libro en la calle. En mi caso he sido invitado a El Corte Inglés de Málaga, a la Casa del Libro de Sevilla y a las ferias del libro de Málaga, Sevilla y Madrid. Afortunadamente, en ningún caso tuve que confrontar el temido momento de levantarte de la silla sin haber firmado un solo ejemplar, chocarle la mano al librero y encogerte de hombros. Creo que es un miedo que sobrevuela a los autores invitados a este tipo de actos, y supongo que la situación a todos les acaba llegando tarde o temprano. En mi caso la experiencia ha ido bastante bien; no es que hayamos agotado ejemplares, pero los libreros parecían satisfechos cuando me marchaba, y supongo que eso es buena señal.

Cómo veis por el cúmulo de enlaces y fotografías que he ido soltando, este artículo es más bien una página de diario que me servirá a modo de memento de lo que han sido estos días. Y creo que también es un buen ejemplo de que esto de publicar es solo la mitad del camino; luego hay que recorrer la otra mitad, que es intentar vender tu obra. Quizás sea esta una parte de la travesía menos solitaria que la de encerrarte a escribir en tu habitación, pero también es una en la que te acompaña una responsabilidad que antes no tenías: la de saber que hay alguien que ha invertido trabajo y dinero en tu creación y espera obtener beneficios por ello; la de conocer a los lectores que aguardan lo que escribes y a los que puedes decepcionar… Y la de saber que estás en el mercado; tu novela ha pasado de ser una historia a la que diste forma para convertirse en un producto, y un producto es tan bueno como el beneficio que genere. Dicho de otra forma: como escritor, vales lo que vendes, y vender cada día está más caro. Pero nadie dijo que esto sería fácil. Seguiremos informando.

Hijos del dios binario

Hijos del dios binario

Hijos del Dios Binario (SUMA, 2016) es el segundo trabajo de David B. Gil, un thriller de investigación ambientado en un futuro cercano que juega con los códigos del noir, el policiaco nórdico y la literatura cyberpunk.


SINOPSIS

En un mundo cada vez más intangible, los poderosos, nostálgicos de un pasado que apenas conocieron, compiten por hacerse con cualquier icono de la era predigital. Daniel Adelbert, un «prospector» especializado en recuperar piezas del siglo XX, es contratado por el coleccionista Kenzô Inamura para encontrar no un objeto, sino a una persona: un hombre que se movió entre las sombras del pasado siglo e influyó de manera decisiva en su desarrollo.

En el otro extremo del mundo, la periodista Alicia Lagos recibe un extraño correo de su exnovio recientemente fallecido. El mensaje parece legarle una investigación inconclusa, poniéndola sobre la pista del misterio oculto tras los muros del orfanato irlandés de St. Martha.

Ambas investigaciones confluyen en una misma pregunta: ¿Qué es el Proyecto Zeitgeist? La respuesta se halla bajo las piedras de la Ciudad Blanca de Tel Aviv, en los arrabales flotantes de Singapur y en el murmullo de la Red de datos. Responderla es desentrañar un secreto que ha costado la vida de muchos, un secreto silenciado durante décadas.


RESEÑAS

«Una novela inteligente, de ritmo ágil y lenguaje sofisticado».

Black & Yellow Magazine

«Directo, descarado y magnético. ‘Hijos del dios binario’ es una de las lecturas imprescindibles del año».

Anika entre libros

«David B. Gil demuestra ser una narrador excelente: prosa contundente, trama redonda y personajes impecables».

¡Ábrete libro!

«Una novela extremadamente bien medida, que atrapa desde el principio y no suelta al lector en ningún momento».

Supersonic Magazine

«Una novela que te hace disfrutar del viaje, pero que además se cierra con un final a la altura de las expectativas».

Leer sin prisa

«Una vez entramos en su propuesta no podemos escapar. Hijos del dios binario es una experiencia apasaionante».

Público

«Hay libros adictivos, que no puedes parar de leer, y luego está ‘Hijos del dios binario’, que lleva esa definición a otro nivel».

In the Nevernever

«Una historia increíble y muy bien escrita. ¿Cómo no darle la máxima puntuación?».

Lecturópata

«Si David B. Gil fuese anglosajón, su libro sería ya un auténtico bestseller […]. ‘Hijos del dios binario’ es una maravilla de novela».

Desde Otranto

2016, año bisiesto y binario

Hace unos días devolví a la editorial las galeradas de Hijos del dios binario, la maqueta del libro con las últimas correcciones implementadas, lista para pasar a imprenta. Eso significa que puedo hacer poco más por mi novela. Supongo que habrá presentaciones, alguna que otra entrevista, quizás sesiones de firma, pero lo fundamental que puede hacer un autor por su obra, que es ofrecérsela a los lectores lo más depurada posible, ya está hecho. A partir de ahora, el que Hijos del dios binario consiga levantar el vuelo dependerá exclusivamente de los lectores. Sí, me diréis que existe el marketing editorial y demás, pero eso suele estar reservado para los autores populares, los que, paradójicamente, menos lo necesitan… El resto dependemos de que nuestra obra encuentre su público, de que funcione el boca a boca y de la suerte, que siempre juega su papel, más o menos protagonista.

Hijos del dios binario

Así que, con el trabajo esencial realizado, me ha parecido un buen momento para hacer balance de lo que ha supuesto hasta la fecha esto (tan difícil y hermético) de publicar. No porque a alguien más le puedan interesar mis impresiones, sino porque será divertido mirar atrás dentro de unos años y releer cómo fue esta etapa. Así que ya sabéis: esto es un recordatorio personal, no está aquí para vosotros, no sigáis leyendo… Simplemente lo he publicado en mi blog porque no tenía otro lugar a mano donde anotarlo.

Si aun así insistís en seguir leyendo, os recordaré que Hijos del dios binario será publicada el próximo 10 de marzo por Suma de Letras, un sello destinado al gran público perteneciente al grupo Penguin Random House, uno de los más grandes, si no el más grande, conglomerado editorial del mundo. Y todo lo que me habían contado respecto a publicar en una gran editorial era lo más parecido a firmar un pacto con el diablo: amputación del texto, cambio de título, modificaciones arbitrarias, eliminación de tramas, inclusión forzosa de escenas románticas y escarceos sexuales… Y demás sacrificios que el autor debía hacer en el altar de lo comercial y la mercadotecnia.

No soy yo quién para decir que dicho escenario es exagerado, quizás incluso sea el más frecuente (no tengo ni idea), pero desde luego no es lo que yo me he encontrado con la gente de Suma. El título sigue siendo el mismo que figuraba en el manuscrito (para mi sorpresa, mis editores se mostraron incluso entusiasmados con el nombre); no han tocado ni una sola trama, ni un solo personaje, ni un solo párrafo; han revisado el texto con una dedicación y cariño tal que, para alguien como yo, acostumbrado a batirse en solitario con sus propias erratas y fallos de estilo, resulta casi emocionante. Cuando me han sugerido alguna modificación, siempre lo han hecho de manera respetuosa y argumentada, y han procurado que en todo momento sintiera que yo tenía pleno control sobre el proceso. Quizás sea un afortunado que he caído en un oasis dentro de esta industria, pero mi experiencia con los profesionales de Suma ha sido, hasta el momento, inmejorable.

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No creáis que pierdo la perspectiva. Sé que soy una rueda más en el engranaje: una editorial como Suma publica entre dos y cuatro títulos a la semana, un volumen de lanzamientos muy similar al del resto de grandes sellos de la industria, lo que permite hacerse una idea de lo difícil que resulta subsistir en la mesa de novedades, pues a la semana siguiente de que tu libro salga a la venta (tu libro, en el que has invertido dos años de trabajo), llegará otra marea de novedades que te empujará fuera de esa mesa a la que tanto te ha costado llegar. Así funciona la industria, es algo que no gusta ni a autores ni a libreros, quizás tampoco al público, pero ahora mismo son las reglas del juego. Injustas, implacables, pero no más que mi experiencia hasta la fecha: en Amazon no existe el cuello de botella de las editoriales pero, precisamente por ello, la oferta es tan vasta y caótica que una novela tiene ínfimas posibilidades de mantenerse por encima del umbral de visibilidad. Al final, tanto en la publicación como en la autopublicación, todo depende de encontrar un público que disfrute y recomiende tus historias.

He de decir, no obstante, que el proceso de edición no ha sido lo único bueno de esta experiencia. Lo mejor ha sido conocer a una serie de personas que han decidido acoger la obra como suya, entusiasmarse con la historia y depositar fe en mis posibilidades como autor (fe que reconforta, pero que también conlleva una carga de responsabilidad que uno mira con cierta inquietud). Comenzando por mi agente, a la que le digo que todo esto es gracias a ella tantas veces como ella me dice que es mérito de la novela; continuando por mis editores, que no sólo apostaron por publicar a un autor desconocido (lo que ya es bastante, tal como está el patio), sino que también apostaron por mi otra novela, esa historia de samuráis que parecía no tener cabida en el mercado español, y decidieron firmarla sin siquiera esperar a ver cómo funcionaba Hijos del dios binario… Y terminando por un peculiar grupo de aliados en las sombras (como cierto librero que se dice del mal, pero que todos sabemos mucho menos malevo de lo que él se cree) y que, sospecho, algo tienen que ver en el hecho de que la novela se encuentre en varias listas de “lo más esperado de 2016”.

Ha sido un camino largo hasta aquí; el próximo 10 de marzo se cumple una nueva etapa, una crucial que definirá en gran medida cómo serán las siguientes. Pero cualquiera que sea el resultado, ya puedo decir que esta locura de intentar publicar ha merecido la pena. Y eso es mucho.

Historia de una ida y una vuelta a Madrid, con agentes, editores y una firma de por medio

Ayer fue uno de esos días intensos que quedan marcados en el calendario para siempre. Un viaje relámpago a Madrid para conocer personalmente a mi agente, mis editores y firmar mi primer contrato editorial. Antes de que me lo preguntéis, se trata de mi segunda novela, titulada (hasta que nadie diga lo contrario) Hijos del Dios Binario, y no, a priori no tiene nada que ver con El Guerrero, pues es un thriller de investigación con tintes futuristas (aunque creedme cuando os digo que ambas guardan muchas similitudes, si os las leéis me daréis la razón). Y la editorial es nada menos que el sello Suma de Penguin-Random House.

Ya os podéis imaginar que esto que queda resumido en un simple párrafo es el resultado de años de trabajo, de espera y desespero, de pequeñas alegrías y grandes frustraciones, de una gran dosis de obstinación y otra (imposible ponderar cuánta) de suerte. Lo que sí he decir es que no deja de sorprenderme lo fluido que ha sido todo hasta la fecha con Hijos del Dios Binario. Tras un prometedor inicio con El Guerrero a la Sombra del Cerezo, siendo finalista del Fernando Lara y lo que eso supuso, todo quedó en un largo silencio editorial de más de dos años y los comentarios, me temo que bastante acertados, de gente de la industria que me confesaba que el problema no era la calidad de la obra, sino el binomio “autor desconocido”+”temática inusual”. Con esta segunda novela, sin embargo, los astros parecen haberse alineado: acabé de revisarla en abril del pasado año, justo antes de nuestro viaje a Japón. Cuando regresamos envié el manuscrito a cuatro agencias literarias muy concretas que tenía en mente desde hacía tiempo. Y me olvidé del tema. Por aquel entonces estaba distraído con la idea que ya me rondaba la cabeza para una tercera historia. No fue hasta verano que dos de las agencias se pusieron en contacto conmigo para comentarme su interés, emplazándome a un futuro contacto en septiembre para hablar de las condiciones de representación. Ambas eran buenas agencias, con autores consolidados, y decidí que trabajaría con aquella que antes me hiciera la propuesta. Sólo puedo decir que, por suerte, fue MB Agencia Literaria la que antes se puso en contacto conmigo. Y digo por suerte porque sospecho que Txell, mi agente, tiene bastante que ver con lo que vino después.

Tras un par de modificaciones el manuscrito se envió a finales de octubre, y en el plazo de tres semanas teníamos cuatro ofertas de publicación. Y menudas ofertas. De repente nos encontrábamos en la increíble situación de tener que elegir editorial, algo que, huelga decirlo, jamás imaginé que pudiera suceder. Si he de ser sincero no fui yo el que elegí, sino que lo hicieron mis agentes, aunque les agradezco que tuvieran la deferencia de consultármelo antes 😉 Desde luego los designios editoriales son inescrutables (sospecho que los de los departamentos de marketing, más aún), pero no llego a comprender por qué una de mis novelas merece el ostracismo editorial y la otra recibe, en menos de un mes, ofertas de las principales editoriales del país. Sin pasión de padre os digo que no hay una diferencia cualitativa apreciable entre ambas, ni en cuanto a calidad literaria ni en capacidad de entretenimiento. Pero, oye, llegados a este punto no nos vamos a quejar.

Y esta es la crónica de los hechos. Alguno pensará “qué cabrón, lo ha conseguido”, pero en realidad esto no cierra ningún círculo. Es sólo un paso más, uno bastante largo y que muchas veces temí que no llegaría, pero desde luego no es una meta en sí mismo. El camino sigue, publicar respaldado por un grupo como Penguin-RH no es garantía de éxito, porque ya nada lo es en un mercado en crisis; y vivir de lo que se escribe sigue siendo casi utópico en este país. Pero no puedo negar que uno se sienta delante del teclado por la mañana con algo más de fe en lo que hace, y que tengo muchísima curiosidad por ver lo que vendrá a partir de ahora. No esperéis encontrarme por las librerías antes de un año, pero va a ser un año intenso, divertido, en el que abriré los ojos y los oídos más que nunca. Hay mucho que aprender.