Shigeru Miyamoto, el hombre que hizo arte el videojuego

Sony ha puesto en marcha estos días la campaña #ElVideojuegoEsArte, con la que pretende alentar este viejo debate y, de paso (o sobre todo), promocionar sus productos Playstation. Como creo que esta discusión está largamente superada, yo voy a aprovechar el hashtag de los señores de Sony para hablar de Nintendo y su creativo estrella: Shigeru Miyamoto, el primer diseñador de videojuegos como tal, el primer hombre de la industria que concibió el videojuego como una forma de arte.

Resulta curioso la facilidad con que se otorga la categoría de artista en ciertas disciplinas, y el empeño con el que se niega en tantas otras. Muchos creadores son definidos como artistas por el simple hecho de dedicarse a una disciplina catalogada como tal. Pero no todos los músicos, pintores, escritores o cineastas son artistas, muchos de ellos, la mayoría, son artesanos. Hay otro tipo de artistas, sin embargo, a los que les cuesta más gozar de reputación y reconocimiento, son aquellos que, dedicándose a una actividad considerada como un simple oficio, consagrándose a una técnica, son capaces de sublimarla hasta elevarla a la categoría de arte. Ese es el caso de Shigeru Miyamoto, quien en varias ocasiones ha defendido que el videojuego no es una forma de arte, aunque su propia obra insista en llevarle la contraria.

Este japonés, nacido y criado en un pequeño pueblo rural a las afueras de Kioto, es un hombre humilde, un tanto tímido, al que su papel prominente en la industria del videojuego le ha obligado a dedicarse a labores de promoción en las que se encuentra fuera de lugar. Probablemente para su consternación, su figura ya ha trascendido su ámbito de influencia y comienza a encontrarse pisando alfombras que deben resultarle completamente ajenas. Ya le sucedió en 2006, cuando fue nombrado Caballero de la Orden Francesa de las Artes y las Letras, y volvió a pasarle en 2012, al ser galardonado con el (por entonces) premio Príncipe de Asturias de Humanidades.

Lo cierto es que la definición del videojuego como forma de arte sólo puede causar controversia entre los sectores más conservadores del mundo creativo. Desde el momento en que el videojuego integra medios de expresión similares a los del cine, como la música, el diseño artístico, el guión, la narración audiovisual y, en los últimos años, incluso la interpretación, es absurdo negarle a un videojuego la posibilidad de alcanzar la cota de obra de arte. Si no había sucedido antes es por las limitaciones técnicas iniciales del medio, que se han superado en cuestión de tres décadas, y por ser una industria joven que aún no había generado creadores sublimes. El primero de ellos es Shigeru Miyamoto.

Miyamoto, un ingeniero industrial fascinado con la obra de Walt Disney, fue el primer diseñador de videojuegos capaz de llevar su visión más allá de una propuesta jugable. Quizás más conocido por ser el creador de Super Mario, la verdadera manifestación de su talento se encuentra en la saga The Legend of Zelda.

En 1986, Shigeru Miyamoto sacudió el mundo del ocio electrónico con este cartucho para la máquina de 8 bits de Nintendo, una obra que suponía un salto cualitativo como se produce pocas veces en la historia de un medio. Usando un método de trabajo inverso al de cualquier diseñador, Miyamoto imaginó primero el juego que quería hacer, y luego buscó la manera de plasmarlo con la limitadísima tecnología de aquella época. El resultado fue un videojuego en el que, por primera vez, el objetivo no era sumar puntos o superar niveles, sino la experiencia en sí. Se trasladaba al jugador, más que un desafío, una propuesta: la de explorar un mundo abierto, la de tomar decisiones alejadas del determinismo lineal que se conocía hasta la fecha, invitándolo a descubrir a través de sus propios pasos la historia que encerraba The Legend of Zelda.

A su innovador concepto jugable debía sumarse un guion de una complejidad y trasfondo desconocidos hasta la fecha, el soberbio diseño gráfico de Takashi Tezuka y una banda sonora que lograba ser hermosa incluso a través de la tarjeta de sonido de la NES (que sólo admitía cinco canales de audio simultáneos). Una música compuesta por Koji Kondo que ha sido reinterpretada y orquestada a lo largo de los años, hasta convertirse en una de las melodías más reconocibles y de más bella factura de la historia del videojuego.

The Lenged of Zelda, versión original en 8bits

The Legend of Zelda, suite por la London Philarmonic Orchestra

El concepto de The Legend of Zelda marcó para siempre a las generaciones posteriores de jugadores y desarrolladores de videojuegos; su concepción era tan adelantada que debió transcurrir más de una década antes de que la técnica ofreciera a Miyamoto las herramientas necesarias para plasmar de forma definitiva lo que su mente había imaginado doce años antes. Lo logró con The Legend of Zelda: Ocarina of Time (1998), considerado aún a día de hoy como el mejor videojuego de la historia.

Hay pocos artistas tan influyentes en sus respectivos campos como lo ha sido Shigeru Miyamoto en el videojuego, algo que se ve favorecido por la breve historia de esta industria. Supongo que, durante algunos años, continuará habiendo voces que discrepen de la definición de videojuego como arte y de Shigeru Miyamoto como artista; son, probablemente, las voces de aquellos que no han disfrutado de la magia que subyace en estos mundos jugables, convertidos ya en universos narrativos con una profunda capacidad de evocación y evasión. En muchos casos, alentando incluso la imaginación de creadores de otras disciplinas. Exactamente igual que sucede con la buena música,el buen cine o la buena literatura.

Little America

La elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos remata una serie de acontecimientos que ha sumido en la perplejidad a la mayoría de nosotros. Decisiones adoptadas democráticamente por una mayoría ciudadana, no lo olvidemos, como es el caso del Brexit, el no al proceso de paz en Colombia o, ahora, la elección del controvertido magnate (por no ahondar en más rasgos de su personalidad) como líder del país más poderoso del mundo. Todas ellas comparten el rasgo de lo imprevisible, la capacidad de dejar estupefacto al observador externo, la sensación de “cómo se ha podido llegar a esto”. Es la perplejidad que muchos debieron sentir ante el auge de los nacionalismos a comienzos del siglo XX.

La democracia, en su formulación ideal, cuenta con que el ciudadano hará un esfuerzo por informarse y por formarse, alcanzará una opinión propia y fundamentada que le permitirá votar en base a criterios racionales, no a impulsos. Pero ningún sistema funciona bajo sus condiciones ideales, y esa debilidad democrática es la que explota el populismo nacionalista.

V ya nos lo dijo.
V ya nos lo dijo.

Así que nos adentramos en una nueva era del nosotros (los buenos) contra el de fuera (los malos), de creer que la solución a todos los problemas pasa por envolverse en la bandera (americana, británica, catalana, española). No es nada nuevo, suele ser una de las consecuencias directas de las crisis económicas, caldo de cultivo para el descontento generalizado y la huida hacia delante, el triunfo del “que se jodan” sin pararte a pensar que el primer jodido eres tú. Nunca faltan políticos dispuestos a apelar al sentimiento nacional, a usar la bandera para velar sus auténticos intereses, para tapar sus propias miserias. Es el viejo conflicto entre la razón y el impulso primario de rechazo a lo ajeno, la dicotomía entre la humanidad cosmopolita y la que aboga por levantar fronteras y construir muros. Lo dijo Einstein: el nacionalismo es una enfermedad infantil, y ahí sigue la humanidad, obstinada en no madurar. 

Silent Hills PT: el juego de culto al que ya no podrás jugar

La historia de Silent Hills P.T. es una de las más rocambolescas que se recuerdan en el mundillo del videojuego, de esas que quedarán reflejadas en cualquier anal que pretenda recoger la historia de esta aún joven industria. Puede que hayáis leído este nombre en el titular de algún medio generalista y que lo pasarais por alto, pues no os decía nada, sin embargo, lo sucedido ha indignado al sector gamer y ha convertido Silent Hills P.T. en el que es, probablemente, el primer contenido digital de culto y completamente descatalogado que existe.

¿Pero que es Silent Hills P.T.? O como realmente se llama: P.T. (a secas). Se trata de una demo gratuita para PlayStation 4 lanzada en el bazar online de Sony en agosto de 2014. Nadie había escuchado hablar de un juego en desarrollo llamado P.T., y la ficha de la demo apenas esclarecía nada de lo que podíamos encontrar en su interior. Sin embargo, los primeros jugadores que la descargaron se encontraron con una experiencia que difícilmente olvidarán.

P.T., iniciales de Playable Teaser, era un juego de unos 40 minutos de duración que, desde una perspectiva en primera persona, proponía al jugador un enrevesado (y opresivo) puzle al que debíamos enfrentarnos sin ningún tipo de instrucciones o asideros, simplemente nuestra capacidad de observación y el método de aprendizaje más básico: el de ensayo y error. La demo arrancaba con el jugador despertando en una lúgubre habitación con paredes de hormigón, con una puerta al fondo que daba paso al corredor de una casa en forma de ele. Este pasillo, en apariencia tan normal como el de cualquier vivienda, con cuadros, un aparador, un teléfono y varias puertas… era en realidad un bucle infinito del que sólo podíamos escapar cumpliendo una serie de premisas, descubriendo una serie de elementos que, poco a poco, nos iban contando lo que había sucedido en el interior de aquella casa.

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Flanqueado por puertas laterales, en un principio cerradas, la única abierta era la del fondo del pasillo, que al cruzarla nos hacía salir por la puerta inicial. Sin embargo, si descubríamos y cumplíamos los requisitos propuestos por el juego (mirar un cuadro, marcar determinado número en el teléfono, buscar algo en el cuarto de baño), cada vez que cruzábamos la puerta-bucle algo había cambiado en el interior del pasillo, algo que nos debía dar la pista para nuestra próxima acción.

Con una ambientación magistral, una iluminación opresiva, una radio con estática que nos va desgranando las noticias, entre ellas la de un horrible asesinato familiar y, en definitiva, una capacidad de sugestión como hacía tiempo que no se recordaba en un videojuego, P.T. se convirtió en un fenómeno viral en menos de 24 horas. A pesar de su endiablada dificultad, la comunidad puso todo su empeño en llegar al final; y como Internet puede ser un arma de destrucción masiva, pero también la mejor herramienta colaborativa (siempre que exista un reto capaz de poner de acuerdo a millones de usuarios), no transcurrieron ni 48 horas antes de que los secretos de P.T. quedaran desentrañados.

Cuál fue la sorpresa de los primeros en terminarlo al descubrir la sagrada trinidad que se escondía tras aquel Playable Teaser: P.T. era en realidad la demo de una nueva entrega de Silent Hill, la serie de videojuegos de terror de la desarrolladora japonesa Konami; una saga de auténtico culto pese a que sus últimas entregas habían caído en la mediocridad. Pero P.T. no sólo era una promesa de volver a los orígenes de la saga con el potencial técnico de la nueva videoconsola de Sony; según desvelaban los créditos finales de la demo, también era la colaboración de dos genios con universos narrativos muy particulares: el japonés Hideo Kojima, creador de la saga Metal Gear y, probablemente, el último gurú de los videojuegos que mantiene su prestigio intacto; y el director mexicano Guillermo del Toro.

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El regreso a los orígenes de Silent Hill, la implicación en el juego de dos creadores de enorme renombre en sus respectivos campos, más la tremenda calidad de la demo, hicieron que Silent Hills se convirtiera, automáticamente, en uno de los juegos más esperados para la nueva generación de consolas. No sólo eso, P.T. encerraba infinidad de secretos, muchos de ellos sin aparente solución, que aún hoy día alimentan un sinfín de especulaciones y teorías. Una de las maniobras de marketing más redondas que se recuerdan en la industria.

Sin embargo, Silent Hills ha muerto antes de nacer. La ruptura de su diseñador, Hideo Kojima, con su compañía de toda la vida y propietaria de la franquicia, Konami, ha acabado con el proyecto. Y con la ilusión de millones de fans, que en cuestión de horas tornaron sus expectativas en bilis e ira contra la desarrolladora nipona, que les había mostrado el caramelo para, cruelmente, hacerlo desaparecer.

Por lo menos nos quedaba P.T., ese anticipo jugable convertido en pieza de culto por méritos propios… Tampoco. Hace unas semanas Konami retiró P.T. del bazar online de PlayStation, con lo que a día de hoy, a no ser que lo descargaras en su momento, resulta imposible hacerse con una copia de la codiciada demo.

Al ser un contenido de distribución exclusivamente digital, y al ser imposible extraerlo de una consola que lo tenga instalado, pues PlayStation 4 no se ha pirateado (y tiene visos de que tampoco se pirateará, como ya sucedió con PlayStation 3), resulta imposible obtener una copia de P.T. La única manera de jugarlo es tener a mano una PS4 con el juego descargado e instalado en su momento, lo que ha hecho que se dispare la especulación, hasta el punto de que, hasta hace poco, en eBay había pujas abiertas de 1.000 libras por una PlayStation 4 de segunda mano con P.T. instalado.

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Este cúmulo de circunstancias ha convertido a P.T. en una pieza de ocio electrónico única e intransferible, imposible de conseguir si dejaste pasar la oportunidad, algo que creíamos olvidado en plena era del copy paste. Podría decirse que P.T. es una joya digital que, súbitamente y de manera insospechada, se ha fosilizado y ha adquirido las características de la tecnología analógica más hermética. Así que si tenéis una PS4 con P.T. instalado en el disco duro (como es el caso del que esto escribe), cuidadla bien, porque tenéis un objeto irremplazable, de auténtico coleccionismo. Además de la posibilidad de jugar, cada vez que se os antoje, a una de las experiencias más desasogantes que se recuerden en un videojuego.

Cita en Ganryu-jima

Probablemente, el duelo entre samuráis más famoso de la historia fue el mantenido entre Sasaki Kojiro y Miyamoto Musashi el 13 de abril de 1612, en una pequeña isla al sur de Honshu, posteriormente conocida como Ganryu-jima. Ambos samuráis eran los dos mejores espadachines de su época: Kojiro, un consumado maestro fundador del estilo Ganryu (esgrima con una katana más pesada y larga de lo habitual), proclamado Maestro de Armas del clan Hosokawa; Musashi, un shugyosha que había ganado fama y respeto en su largo peregrinaje del guerrero, hasta el punto de recibir el sobrenombre de “el Santo de la Espada”.

Como suele suceder en la historia premoderna japonesa, los hechos se confunden con la leyenda, pero según lo recogido en crónicas de la época, Miyamoto Musashi llegó a la pequeña isla varias horas después de lo acordado. Algunos especulan que su intención era que la puesta de sol, que quedaba a espaldas de su punto de desembarco, deslumbrara a su rival durante el combate; otros que pretendía aprovechar el cambio de marea para huir de la isla en caso de vencer, pues estaba seguro de que los discípulos de Kojiro no le permitirían abandonar el lugar con vida. En cualquier caso, presentarse tarde en los duelos era una estrategia habitual de Musashi para desestabilizar a sus rivales.

Llegó solo en una barca, empuñando un largo bokken que no era sino uno de los remos de repuesto tallado con su wakizashi. Su aspecto harapiento y la aparente improvisación del arma de Musashi encolerizaron a Kojiro aún más. Lo cierto es que la despreocupación de Musashi escondía una táctica bien meditada: Kojiro, con su katana de 90 cm, que blandía con la rapidez y agilidad de un arma más liviana, tenía una ventaja manifiesta sobre los sables usados por sus rivales. Esa ventaja quedaba neutralizada con la improvisada arma de madera de Musashi.

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El duelo, recreado en multitud de películas, cómics, pinturas y esculturas, se produjo a la puesta de sol: tras unos primeros lances, Musashi alcanzó en la cabeza a Kojiro, postrándolo en el suelo. Un posterior golpe lateral rompió las costillas de su rival perforándole un pulmón, lo que acabó con su vida. El vagabundo abandonó la isla inmediatamente, antes de que los asistentes pudieran reaccionar. Fue el último duelo mortal de Miyamoto Musashi, que años después se retiraría a un refugio de montaña, consagrando sus días a la talla de la madera y a recoger sus reflexiones y enseñanzas en el mítico Libro de los Cinco Anillos.

‘The Last of Us’ o si Cormac McCarthy hiciera un videojuego

The Last of Us (enorme título, por cierto) es uno de esos juegos de los que casi todo el mundo ha escuchado hablar. En mi caso fue una de mis frustraciones la pasada generación ya que, al ser exclusivo de Playstation 3, aquellos que poseíamos una XBox sólo podíamos observarlo con dientes largos desde el otro lado del escaparate. Es por ello que cuando se anunció esta versión “remasterizada” para PS4, los usuarios de la nueva criaturita de Sony, tan escasa de títulos, nos hemos abalanzado sobre él. Sobre todo los que no tuvimos el placer de degustarlo antes.

Desde un punto de vista técnico, y sin poder compararlo con su versión original, The Last of Us Remasterizado es un juego de altibajos: posee algunos momentos realmente brillantes, sobre todo en lo que a las luces dinámicas se refiere, las mejores que he visto en juego alguno, o las físicas de partículas (cuando entramos en esos escenarios llenos de esporas en suspensión que reaccionan en tiempo real a nuestros movimientos, te das cuenta del hardware tan potente que hay bajo la carcasa negra de PS4). Sin embargo, hay puntos que rechinan más, como el número de polígonos en los modelados, que se perciben muy “old-gen” pero con texturas en alta definición, o el “popping” en algunos escenarios abiertos, donde algunos árboles y texturas aparecen de sopetón, dejando en evidencia que el motor gráfico no está adaptado a la nueva máquina. Si no, no se entiende que, a estas alturas, haya tales problemas con la distancia de dibujado.

The Last of Us Remasterizado

Tenemos por tanto un aspecto técnico que, en conjunto, luce genial pero con algunos puntos flacos. Sin embargo, cuando llevas una hora de juego, todo eso te da exactamente igual. El verdadero corazón de The Last of Us, lo que lo eleva por encima de cualquier otro triple A de la industria, es su magnífica historia y su experiencia jugable. Es, simple y llanamente, un juego perfecto en su propuesta. Llevo casi 30 años jugando a videojuegos, he encontrado algunos (pocos) con una jugabilidad brillante: con unas mecánicas equilibradas, ni demasiado fáciles ni demasiado frustrantes, juegos sumamente entretenidos, profundos en su propuesta, capaces de desafiar permanentemente al jugador y dejarlo ganas de más. El depurado sistema jugable de The Last of Us lo encuadra sin problemas en esta selecta categoría, alcanzando niveles casi orgásmicos si se juega en modo “Difícil”. Las escenas de sigilo, desde que Tenchu y Metal Gear Solid popularizaran la propuesta, están mejor resueltas que en ningún otro juego que haya probado; las escenas de tiroteo tienen la contundencia y la fluidez de los mejores shoot’em up, una fórmula que la productora, Naughty Dog, ha depurado en las sucesivas entregas de su otra gran franquicia: Uncharted. Quizás sólo falla en la necesidad de recorrer los escenarios constantemente para encontrar objetos con los que mejorar nuestro equipo, algo que a la larga puede resultar tedioso; pero tampoco es obligatorio, simplemente es una opción como jugador si queremos tener nuestro armamento plenamente potenciado.

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Y a esta jugabilidad magistral se suma una historia y un desarrollo de personajes soberbios. The Last of Us está a medio camino entre el cómic The Walking Dead (Robert Kirkman) y la novela The Road (Cormac McCarthy); las referencias son tan evidentes que los guionistas de Naughty Dog no se molestan en disimularlas, y quizás esto es lo que me hizo torcer el gesto en un principio: la escasa originalidad de la premisa. No culpemos de ello al estudio, sin embargo, es lógico que cuando Sony decidió poner a disposición de su first party uno de los presupuestos más elevados de la generación, lo último que quería era un argumento arriesgado e innovador. Probablemente Sony quería un juego de corte postapocalíptico, con infectados y supervivientes-más-peligrosos-que-los-infectados, una fórmula que no parece aburrir al gran público. Naughty Dog es la que se ha encargado de elevar este manido planteamiento a la categoría de magistral. Para ello ha comenzado creando a dos personajes memorables, sabedores de que toda historia, por más vista que esté, funcionará si los lectores-espectadores-jugadores empatizan con sus protagonistas. Y en este aspecto The Last of Us es casi imbatible. La dinámica creada entre el viejo y hastiado Joel y la adolescente Elli es absolutamente memorable, tremenda. Dos de los mejores personajes que podrás encontrarte en un videojuego (los dos mejores, quizás), y sin duda dos de los mejores construidos que han aparecido en los últimos años en cualquier otro medio. Si he de buscar alguna pareja de protagonistas que me haya calado tanto últimamente, sólo puedo recordar a “Rust” Cohle (Matthew McConaughey) y Martin Hart (Woody Harrelson), la insólita pareja de detectives de True Detective. A todo ello hay que sumar el excepcional doblaje al castellano, muy por encima del nivel habitual de la industria.

The Last of Us Remasterizado

The Last of Us también tiene detractores, aquellos que prefieren una acción directa y que la jugabilidad no se vea interrumpida por las cinemáticas que impone cualquier juego con un arco argumental. Sin ser tan intrusivas como en otros juegos (la saga Metal Gear, sin ir más lejos), es cierto que la obra de Naughty Dog tiene bastante de eso. En mi caso, sólo puedo decir que el juego es un win-win en todos los aspectos. No sólo quieres seguir jugando por lo divertido que es, sino que, como en las mejores novelas o series de TV, estás esperando esa nueva dosis porque necesitas saber cómo avanza la historia. Si una industria tan joven como la del videojuego puede tener obras maestras, sin duda The Last of Us es una de ellas. 10

Nueva portada para “El Guerrero a la Sombra del Cerezo”

El Guerrero a la Sombra del Cerezo (portada Carolina Bensler)

¡Estamos de estreno! Cuando llegamos al ecuador del concurso para autores indies de Amazon-El Mundo (recordad que tenéis hasta el 31 de agosto para comprar y valorar la novela por el irrisorio precio de 0,9€), recibo uno de los mejores regalos que me podían hacer: una portada profesional para El Guerrero a la Sombra del Cerezo. Y es que la ilustradora y colorista Carolina Bensler se ha marcado esta magnífica cubierta para la obra, ¡y lo ha hecho por amor al arte! A través de las redes sociales puso en marcha una iniciativa para colaborar gratuitamente con cinco autores independientes; parece que mi propuesta le moló y he sido uno de los afortunados. Aquí tenéis el resultado de su trabajo.

La portada estará disponible para aquellos que compren el libro a partir de ahora. Y aquellos que ya lo habéis comprado, podéis actualizar vuestra anterior versión a través de la página “Gestionar mi Kindle” en http://www.amazon.com De propina os llevaréis un glosario actualizado y un nuevo Índice de Contenidos accesible desde cualquier página del ebook a través del botón “Ir a”.

Y para los que queráis conocer mejor el trabajo de Miss Bensler y sus magníficas portadas, aquí tenéis su web. No tiene desperdicio.

Para comprar El Guerrero a la Sombra del Cerezo (¿¡aún no lo habéis hecho!?) sólo tenéis que clicar aquí. Y si antes queréis catar un bocado, aquí tenéis la web alasombradelcerezo.com y un enlace para descargar los dos primeros capítulos en PDF.

Guía rápida para viajar a Japón (parte II)

Guia viaje Japon Kyoto

Tras una primera parte centrada en la preparación del viaje (si no la has leído clica aquí), vayamos con la segunda, en la que nos metemos ya en harina y vemos qué se puede hacer una vez estemos en Japón. Por supuesto, todo lo que vais a leer es completamente subjetivo, ya que estamos hablando de uno de los países más diversos que existen en el mundo y cada uno irá buscando una cosa. Nosotros hemos estado dos semanas a toda mecha y nos hemos dejado muchas cosas fuera, cosas imprescindibles (aún lamento no haber podido visitar los castillos de Himeji y Matsumoto), sin entrar ya en lo que pueden ofrecer las otras islas, como Okinawa o Kyushu.

Guia viaje Japon 4 Kyoto

Habría que tener también en cuenta que el paisaje cambia mucho si se va durante el florecimiento del sakura, pero claro, eso sólo son dos semanas al año (en abril concretamente), y me temo que es la temporada más cara para viajar a Japón.

Osaka

Guia viaje Japon Osaka-jo
El castillo de Osaka rodeado de cerezos en flor.

El barrio de Dotonbori, una especie de megabazar donde comer takoyakis y okonomiyakis. Y el castillo de Osaka, donde lo más espectacular es el entorno; la torre del homenaje no es imprescindible: es una reconstrucción de la original, con lo que lo importante es verla por fuera, el interior es un museo que te cuenta la historia del castillo, pero no deja de ser un edificio de sólo seis décadas.

Hay muchas más cosas en Osaka, pero nosotros sólo estuvimos un día, de ahí que no os pueda contar mucho más. Sólo un último consejo: en lugar de ir directamente hasta Kioto, tomad un desvío para visitar Nara (se encuentra a medio camino entre las dos metrópolis). Os aseguro que el templo Todai-ji y el parque de los ciervos que está a su alrededor serán dos de las imágenes que más recordaréis de vuestra visita.

Kioto

Quizás sea, junto con Roma, la ciudad que más me ha impresionado de cuantas he visitado. Me hubiera quedado a vivir en ella. Fundamental perderse por el precioso barrio de Gion para, con suerte, toparse con alguna Geisha; el castillo de Nijo, uno de los pocos que aún conserva el suelo de ruiseñor (merece la pena una audioguía); cenar en Pontocho, la calle de restaurantes junto al río, o mejor, en una paralela a Pontocho, que siempre será más barato (por la zona de Pontocho está el kaiten sushi “Musashi”, bueno y barato); el santuario de Heian, cuyo jardín es impresionante con los cerezos florecidos y que tiene una casa de té en la que se puede asistir a la ceremonia por 800 yenes.

Pero lo mejor es que busquéis un resumen de Kioto en alguna guía y miréis lo que más os puede interesar, porque esta ciudad tiene de todo.

Región de montaña de Takayama

Guia viaje Japon Magome Nakasendo
La antigua ruta Nakasendo a su paso por Magome.

Las localidades de Shirakawago, Takayama, Magome y Tsumago (quizás esta última la que más) fueron las sorpresas más gratas del viaje. Se trata de una región montañosa de pequeñas aldeas por la que pasaba la ruta Nakasendo (una de las rutas oficiales que conectaban Kioto con Edo), con casas de posta utilizadas por los samuráis durante sus viajes. Takayama se ha convertido en una ciudad más grande (entre otras cosas porque recibe mucho turismo por sus aguas termales), pero las otras aún parecen directamente extraídas del periodo Edo.

Guia viaje Japon Tsumago
Hospedería samurái en Tsumago.

Tsumago, por ejemplo, es escenario de muchas pelis de época, y es que se conserva casi como hace cuatro siglos. En esta pequeña localidad se puede visitar una antigua hospedería samurái, y a la salida dos señoras venden láminas de caligrafía con kanjis dibujados por un maestro de shodo del pueblo (al precio de 1.500 yenes, no os digo lo que te puede costar una caligrafía de un maestro de shodo aquí en España). El problema de esta región es que se accede en autobús, y eso dificulta un tanto la logística.

Tokio

Guia viaje Japon Tokyo
Barrio de Shinjuku desde el mirador del Gobierno Metropolitano de Tokio.

Qué decir de Tokio. Hay visitas ineludibles como los barrios de Shibuya (con la estatua de Hachiko y su famoso cruce frente a la estación de metro); Shinjuku con su barrio rojo Kabukicho o la sede del Gobierno Metropolitano, a cuyo mirador se puede subir gratis en ascensor y ofrece unas vistas nocturnas de Tokio impresionantes; Akihábara con sus bazares de mangas y videojuegos… A todo eso vais a ir seguro porque lo pone en cualquier guía. Yo os diría que os podéis ahorrar Ginza y Roppongi, que son barrios comerciales de lujo, sin mucho más, e invirtáis el tiempo en otros sitios menos habituales. Aquí os señalo algunos de los que nos encantaron:

La lonja de Tsukiji. Y no me refiero a ir a la subasta de pescado (que para eso hay que pillar turno a las tres de la madrugada), sino a visitarlos cuando abre al público a las 9 de la mañana. Ahí los turistas molestamos más que otra cosa, pero con cuidado y educación merece la pena ver ese ambiente, además de ser un escenario muy agradecido para las fotos.

Guia viaje Japon Tokyo Tsukiji

En las callejuelas de alrededor hay dos cosas que hacer: comprar té matchá, botes para guardarlo y otros omiyages (suvenires) que están algo o bastante más barato que en otras zonas más turísticas; y desayunar o almorzar sushi en los bares de alrededor del mercado. Son más caros que un kaiten o el restaurante de sushi medio, hay colas de más de media hora para entrar, pero también son genuinos 100% y se sirve el mejor sushi de Tokio, ese que por la tarde pondrán en las sushi houses más exclusivas al cuádruple de precio de lo que os va a costar aquí.

Guia viaje Japon Tokyo
Un poco de té antes de seguir preparando nigiris.

Después, junto al mercado de pescado, tenéis los jardines Hamarikyu, antiguo coto de caza de los shogunes Tokugawa. Llámalo jardín, llámalo un parque brutal enclavado entre rascacielos. Entrar cuesta 300 yenes, un precio irrisorio por lo que ofrece. En el interior encontraréis una casa de té: por 500 yenes os ofrecen un dulce y un matchá preparado con brocha, como en la ceremonia del té. No dejéis pasarlo, es el mejor té que probamos durante el viaje, con el añadido de degustarlo a orillas del lago que es el corazón del parque.

Guia viaje Japon Tokyo hamarikyu
La casa de té de los jardines Hamarikyu (Tokio).

Odaiba. Es una isla artificial a la que sólo se llega en barco o en el tren urbano Yurikamome (al menos que yo sepa), famoso por ser un tren magnético que se desplaza sin conductor. Esta isla tiene algunos lugares bastante chulos que cuento en el orden ideal de visita: primero el onsen urbano “Oedo Onsen Monogatari”, un edificio con aguas termales que recrea el Tokio previo a la II Guerra Mundial, en el que hay que pasearse en yukata (un kimono que te entregan a la entrada) y se come ramen del bueno en una plaza central estilo años 40. Lo suyo es salir del onsen a tiempo de ver la puesta de sol desde el mirador de Odaiba, que tiene una Estatua de la Libertad de lo más kitsch (aunque eso es lo de menos). Lo importante aquí es la espectacular vista de la Bahía de Tokio surcada por el Rainbow Bridge.

Guia viaje Japon Tokio Odaiba Gundam
Gundam contempla la isla de Odaiba.

Y cuando ya ha anochecido, se camina hacia el otro extremo de la isla, donde está la estatua gigante de Gundam (lo más parecido a encontrarte a Mazinger Z in person), que iluminada mola mucho más que de día. Ah, y al volver en el Yurikamome, poneos al final del andén y esperad hasta que llegue un tren en el que podáis colocaros delante del todo, pegados al parabrisas. Es como recorrer Tokio de noche en una montaña rusa entre rascacielos.

Parque Yoyogi. Es tipo Central Park. Lo suyo es irse un fin de semana por la mañana, cuando está medio Tokio ahí practicando sus historias, desde Kendo a Capoeira, desde malabarista hasta cosplayers, bandas de jazz, batukeros, futboleros dando toques de balón… Un espectáculo. Y al lado tenéis Takeshita Road, la calle de las cosplayers, que a mí no me hizo ni fu ni fa, pero a la gente se ve que le mola. Por supuesto hay mucho más, pero esto es de lo que puedo hablaros.

Guia viaje Japon Tokyo Yoyogi
Kendo en el parque Yoyogi.

Por último, ahí van unos cuantos truquillos sueltos que no está de más saber:

-El Museo Ghibli está en Mitaka, un barrio de Tokio. ¿Problema? Que todos los flipados de Miyazaki queremos ir a verlo, así que hay que comprar la entrada con tres meses de antelación (justo el anticipo máximo con que se pueden comprar), porque si esperáis a dos meses antes, como hice yo, te quedas sin entradas. Desde España se tramita a través de JTB Europa (http://www.jtb.es/) que es una de las principales agencias de viaje de Japón y tiene sede en Madrid y Barcelona. Creo que también tramitan la JR Pass.

-Los dos castillos conservados más impresionantes de Japón son Himeji y Matsumoto. El primero, ubicado en la ciudad de Himeji, abrió al público en marzo de 2015 tras una larga rehabilitación, por lo que es un momento ideal para visitarlo. Lo mejor es aprovechar la estancia en Osaka o Kioto para visitarlo en un día. El segundo está a dos horas y media de Tokio en tren.

-Si necesitáis tener internet en vuestros móviles (por ejemplo para usar el traductor de google o Google Maps, que funciona muy bien para indicarte los trenes y metros a tomar para llegar de un sitio a otro), una buena opción es Japan Wireless. A nosotros nos costó 8.000 yenes una conexión 4G ilimitada durante dos semanas. Te envían el router portátil a tu hotel y después sólo tienes que echarlo en un buzón el último día, o entregarlo en la recepción de tu hotel y ellos se encargan (http://japan-wireless.com)

-Los cacharros de Apple son más baratos en Japón, si a eso le sumas la devaluación del yen, el iPad Air, por ejemplo, cuesta 170€ más barato que en España. El iPhone no es compatible con la red de datos europea, pero los portátiles y iPads van sin problemas, y si lo compras en la tienda Apple la garantía te cubre en España. Así que si tenéis pensado comprar algo de electrónica antes del viaje, esperad a estar allí.

Si vais a comprar algo caro, por cierto, llevad el Pasaporte. Te ahorras el 8% de IVA. En aduana no os van a decir nada porque no saben si lo lleváis desde España (a no ser que te traigas diez cámaras Nikon, claro).

No os obsesionéis con llenar las maletas de ropa, porque necesitaréis espacio a la vuelta. En el hipotético caso de que haya un cambio brusco de temperatura y os haga falta algo, en Uniqlo encontraréis de todo y es muy muy barato (además de tener colecciones de camisetas frikis muy chulas por 980 yenes). Y hay más Uniqlos que botellas de coca-cola en Japón.

-En Japón, en la mayoría de los probadores se entra sin zapatos. Conviene saberlo, porque no es agradable que te aporreen en la puerta mientras estás en calzoncillos para decirte que tienes que dejar los zapatos fuera.

-Los españoles somos de las pocas nacionalidades que no necesitamos visado para visitar el país. ¡Arigato gozaimasu!

-No sé si será así en todas las épocas del año o si será una cuestión del polen en abril, pero contra todo pronóstico, el aire en Japón es muy seco. Había escuchado lo de que todo el mundo tiene humificador, pero no creí que fuera tan extremo. Nosotros tuvimos la nariz y la garganta secas todo el viaje, algo bastante incómodo, así que no está de más llevarse suero fisiológico y pastillas tipo Lizipaina.

-Llevad todos los yenes en metálico que podáis (80.000 por persona no es descabellado). Hay muchos sitios donde no aceptan tarjeta de crédito (de débito no se acepta en ninguno), y si intentáis sacar dinero en metálico allí os van a clavar una buena comisión.

-Por último, probad de todo: comed todo tipo de dulces, no digáis que no a ninguna comida, dadle a todos los botoncitos del wc, probad todas las bebidas raras de las máquinas de vending… ¡Eso es Japón!

(Primera parte de la guía)


© David B. Gil sobre texto y fotos

  Páginas webs que os ayudarán a preparar el viaje: http://www.razienjapon.com/p/como-viajar-japon.html http://blogdetermico.blogspot.com.es/ http://www.nippon.com/es/features/h10003/ http://japonismo.com/blog/category/viajar-por-japon

Guía rápida para viajar a Japón (parte I)

Guía viaje japón, Osaka, Dotonbori

Desde que hemos vuelto de Japón, varias personas nos han preguntado por la logística del viaje, cuánto nos ha costado y consejos que pudiéramos darles de cara a su propia aventura japonesa. Parece que hay interés por hacer turismo por el país del sol naciente, así que he pensado en hacer un compendio de conocimientos útiles a la hora de preparar el viaje que, además, nos puede servir a modo de “auto guía” cuando preparemos nuestro segundo viaje al país del Fuji-san. Porque, señores, si algo tengo claro es que una sola visita no basta. Yo me he quedado con ganas de más. Así que, como diría el general Tani, “al turrón”:

Coste del viaje

Todo aquel que está interesado en hacer su primer viaje a Japón se plantea una misma pregunta: ¿cuánto dinero necesito? Aquí no puedo ser taxativo, porque nosotros hicimos parte de nuestro viaje organizado y parte por nuestra cuenta. Otros blogueros y guías de viaje suelen señalar que se necesita unos 2.000 euros por personas para cubrir los gastos de un viaje de dos semanas. Me parece una cifra razonable, aunque dependerá de una serie de factores que sólo se concretarán cuando empecéis a preparar el viaje: la suerte que tengáis con el precio de los vuelos, el tipo de alojamiento que queráis, la temporada y, no menos importante, a cuánto esté el precio del yen en el momento.

Guía viaje japón, tokyo, santuario meiji
Meiji Jingu, uno de los santuarios sintoístas de Tokio.

Comidas

Lo primero que quizás os sorprenda es que, a día de hoy, Japón es un país más barato que España. No sólo porque acaban de devaluar el yen (por 1€ vienen a darte 140 yenes más o menos), lo que  hace que sea una buena época para viajar allí, sino porque no existe la cultura de sangrar al turista. Lo más barato es comer: si vas a restaurantes de comida autóctona (sushi, ramen, izakayas) puedes comer por unos 1.000 yenes por persona y quedar bastante lleno. Yo he llegado a cenar sushi como si no hubiera un mañana y encontrarme una cuenta de 3.000 yenes para dos, apenas 22 euros. Además, en todos los restaurantes sirven gratis agua con hielo (pedid “ice water” que os entenderán), y en los de sushi y pasta suelen tener además termos con agua caliente y matchá (polvo de té verde) para que te prepares té a tu discreción, todo ello gratis. Ahora bien, si pides bebidas, en especial alcohol, la cuenta sube bastante. Una cerveza puede costarte casi la mitad que la comida, pero como nosotros no bebemos alcohol, pues eso que nos ahorramos. Otra opción más económica aún es comprar comida en los supermercados (tienen todo tipo de bandejas de comida preparada) o comprar en los puestos de comida callejera. Lo bueno es que en Japón se come bien en todos sitios, el agua del grifo es potable (de más calidad que la nuestra, diría yo) y no te van a engañar en ningún local con precios disparatados. La cosa cambia si entras en restaurantes “exóticos”, es decir, de comida europea (restaurantes italianos y españoles hay a patadas), o en alguno de sushi “gourmet”. Pero vamos, que no te vas a meter sin querer en uno de esos, y a unas malas, la cuenta viene a salir más o menos como en España.

Guía viaje japón, té, matcha
Té verde pulverizado (matcha) preparado con brocha.

Lo más caro, por el contrario, es el alojamiento y el desplazamiento. Pero a eso llegamos ahora.

Desplazamiento

El precio del billete de avión, como siempre, dependerá de dejarte las pestañas en Skyscanner hasta encontrar lo más barato. Sí os digo que comparando opiniones parece ser mejor viajar con Turkish Airlines o alguna aerolínea árabe que con Air France. Al parecer los aviones son más modernos y los asientos más amplios (cuando te llevas 12 horas enlatado no es ninguna tontería). Sin embargo, no suelen hacer escala en la UE. Quizás sea una catetada, pero yo estaba más tranquilo haciendo escala en París o Frankfurt que en Dubai. Respecto al avión hay una cosa que está bien saber y que a nosotros no nos dijeron: en estos vuelos tan largos siempre hay una zona de catering gratuito para servirse zumos, refrescos, pastelillos e incluso helados. Se hace por necesidad: el aire acondicionado deshidrata que da gusto y como no bebas frecuentemente vas a llegar a destino como si te hubieran dado una paliza.

Respecto al desplazamiento dentro de Japón, lo primero que se debe hacer es tramitar la Japan Rail Pass. Hay que hacerlo desde tu país de origen (allí no se puede obtener) y cuesta 197€ para una semana y 315€ para dos. Con ello podrás tomar cuantas veces quieras los trenes de JR Line, que conectan las principales ciudades del país. JR también tiene muchas líneas urbanas, como la (muy fundamental) Yamanote en Tokio, con lo que también os servirá para moveros dentro de las ciudades.

Guía viaje japón, Osaka
Foso del castillo de Osaka.

Y con eso pasamos al transporte metropolitano: las ciudades grandes como Tokio, Osaka y Kioto tienen líneas de metro (gestionadas por la compañía de transporte local correspondiente) y líneas de tren urbano, que pueden ser de JR o de otras empresas. Es importante saberlo porque el bono metro sólo sirve para el metro y la JR Pass para las líneas de JR, no para el resto de empresas, aunque a veces compartan estación. En realidad no es tan complicado: al 80% de los sitios vais a poder llegar con el metro y en la mayoría de los casos los trenes urbanos sólo sirven para hacer algunos trayectos más directos. De hecho, en todo el viaje sólo utilizamos los trenes urbanos en dos ocasiones: la Yamanote de JR, que es la línea circular de Tokio y que es muy útil para ir de un extremo a otro de la ciudad (se puede cruzar en metro, pero hace muchas más paradas y debes hacer algunos trasbordos), y la Yurikamome, una línea de otra empresa privada que te lleva a la isla de Odaiba en Tokio (donde está la estatua 1:1 de Gundam) y que es famosa por ser un tren sin conductor.

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La Bahía de Tokio desde la isla artificial de Odaiba.

El precio del metro no va como en España, no pagas un billete y haces todos los trasbordos que quieras, sino que va por tramos. Me explico: junto a las máquinas expendedoras de billetes (calma, se pueden poner en inglés) hay un plano del metro de la ciudad en el que se indica en qué parada estás, y el resto de las estaciones vienen con un precio en yenes debajo. Es lo que deberás pagar por ir hasta ese punto. Obviamente, cuanto más lejos esté la estación, más caro será el billete. Es más fácil en la práctica que sobre el papel: buscas en el panel el nombre de la estación a la que quieres ir, observas el precio indicado debajo (170 yenes, por ej.), te diriges a la máquina expendedora y compras un billete de 170 (la máquina lista todos los precios posibles). Incluso si te equivocas o decides bajarte en una parada más lejana, no hay problemas: antes de los tornos de salida de cada estación hay cajeros de “Fare adjustment”, metes tu ticket ahí y te indica la diferencia a pagar. Luego te devuelve tu billete y ya puedes salir por los tornos. Es importante conservar el billete durante todo el trayecto porque deberás pasarlo tanto para entrar como para salir del metro. La compra de billetes para las líneas de tren funciona exactamente igual. Y en última instancia, en Tokio (que es donde más se usa el transporte público) un bonometro de un día cuesta poco más de 700 yenes. Con ese te olvidas de estar mirando precios y tal, simplemente te montas y te bajas donde quieras.

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Yoyogi, el principal parque metropolitano de Tokio.

Ah, y para ir del aeropuerto de Tokio a la ciudad (y viceversa) hay varias opciones. Yo no me complicaría la vida e iría en el tren Skyliner de la empresa Keisei, que tarda unos 40 minutos (hay autobuses que tarden más de hora y media sin que haya una gran diferencia de precio). Hay mostradores de Keisei en el propio aeropuerto y en las estaciones urbanas de Nippori y Tokyo Station.

Para que veáis lo apañado que soy, aquí os dejo un enlace con el mapa de la Japan Rail Pass y de las principales líneas de metro del país (http://www.jrpass.com/map), y otro que explica cómo moverse desde los principales aeropuertos internacionales japoneses (Narita, Haneda y Kansai) (http://www.nippon.com/es/features/h10003/).

Idioma

Es lo que más puede preocupar en un principio. No hay motivo para ello. Es cierto que los japoneses apenas hablan inglés (puede que incluso menos que nosotros), pero a cambio son excelentes anfitriones y ponen todo el empeño del mundo por comunicarse, así que con unas cuantas palabras básicas en inglés que todo el mundo conoce y el lenguaje gestual no vais a tener problemas. De cualquier modo, no vendría mal aprenderse una serie de expresiones básicas que pueden sernos útiles, además de ser una deferencia a nuestros anfitriones. ¿Por qué decir “thank you” cuando cuesta lo mismo decir “arigato”? La fundamental de todas, os lo adelanto ya, es “sumimasen” que sirve tanto para disculparte cuando metes la pata (algo que los gaijin hacemos a menudo) como para llamar al camarero. Por lo demás, todos los carteles están escritos en japonés y debajo en “cristiano” (o romaji, como se llama nuestro alfabeto en Japonés), así que no hay problemas para identificar nombres de paradas, estaciones y demás.

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Entrada al templo Todai-Ji (Nara).

Respecto a algo tan básico como pedir la comida, hay algunos trucos básicos (obviando la opción McDonalds y demás comida rápida, para comer eso te quedas en casa, digo yo). El primero es buscar restaurantes de comida japonesa que en la puerta indiquen que tienen la carta en inglés (hay bastantes). El segundo es buscar un kaiten sushi, restaurantes donde el sushi pasa en una cinta transportadora por delante de tus narices; vas cogiendo el que te apetece (en función del color del plato tienen un precio u otro, perfectamente indicado en la carta) y cuando terminas sólo tienes que llamar al camarero, que repasa los platos y te da la cuenta para que la pagues en la caja al salir. El tercer truco es entrar en cualquier sitio, sin preocuparte si te van a entender o no, que la camarera ya te pondrá la carta por delante (todas tienen fotos) y con el gesto internacional del dedazo señalas lo que quieres. Luego dices mucho “arigato” cada vez que te traigan algo y a disfrutar.

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Excursión escolar disfrutando del “hanami”.

El sistema para pagar es siempre el mismo: se dice “sumimaseeeen” para llamar al camarero (es importante alargar la última e, ya se os quedará el canturreo de tanto escucharlo), y a continuación “okanyo” (“la cuenta”). Te la traerán a la mesa y con ella debes dirigirte a la caja. En otros (muy pocos) hay un botón para llamar al camarero. Lo importante es saber que siempre se pide la cuenta en la mesa y se paga en la caja junto a la salida. Excepto en los restaurantes tipo MacDonalds, que se paga como aquí, al pedir.

Alojamiento

El alojamiento en Japón NO es barato, pero no llega a los niveles disparatados de algunas capitales como Londres. Nosotros contratamos en booking el hotel Remm Akihabara, en pleno barrio de Akihabara, y nos costó 110€ la noche; las habitaciones eran muy pequeñas, pero todo completamente nuevo y muy funcional. Sé que en Tokio es muy popular entre los españoles el hotel Edaya. Pero en cualquier caso, a Booking y Trivago os remito. Lo que sí recomendaría es que, al menos una noche, durmáis en un ryokan: un hotel típico japonés con onsen (baños termales japoneses), donde os darán kimonos para ir por el hotel y en los que las habitaciones tienen tatami. Una experiencia 100% japonesa que merece la pena. Hay ryokans por todo el país, cerca de Tokio son populares los del pueblo de Hakone (se llega en 40 minutos con el tren Romancecar http://www.odakyu.jp/english/romancecar). También son populares los de la localidad de montaña de Takayama.

Guía viaje japón, nara, ciervos
Parque de los ciervos en Nara.

En el caso de que optéis por un ryokan, no dudéis en probar el onsen, pero hay que tener en cuenta que en Japón los baños termales son un ritual con sus propias normas. La primera y fundamental de ellas es que no puedes meterte en las piscinas de agua templada sin haberte lavado el cuerpo (ostensiblemente) en las zonas habilitadas para ello (las reconoceréis porque tienen taburetes bajitos con un pequeño barreño de agua y grifos de agua caliente delante). Tampoco hay que preocuparse, en la mayoría de los ryokan hay unas breves instrucciones para los turistas, pero por si os preocupa la experiencia, aquí enlazo una completa explicación (http://www.kusuyama.jp/es/blog/how-to-onsen/). Por cierto, algo que choca a algunos occidentales: en el onsen no se puede usar bañador. Así que tímidos, absteneos.

Y hasta aquí la primera parte de esta especie de guía rápida. En la próxima entrega: lugares a visitar en las principales ciudades del país y lista de tips y truquillos básicos que os vendrán bien una vez estéis allí. Todo ello al módico precio de un click. No me os podréis quejar.

(Segunda parte de la guía)


© David B. Gil sobre texto y fotos

 

Japón, primeros apuntes

Esto no es un blog de viajes, pero pocas veces tiene uno la oportunidad de pasar un par de semanas en Japón, así que me vais a perdonar que os ponga los dientes largos. Ahora mismo nos encontramos en un autobús que nos lleva por pueblos de montaña como Takayama y Tsumago, una región por la que pasaba la antigua ruta Nakasendo y que aún conserva mucho de su idiosincrasia, como las antiguas casas con techo de paja (gasho-zukuri) y algunas de las hospederías donde se alojaban los samuráis que recorrían el camino oficial con destino a Edo.

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Es nuestra primera inmersión en el Japón más rural. Hasta ahora sólo hemos conocido la otra cara del país: la de una modernísima metrópolis como Osaka o la suntuosa historia de la capital imperial, Kioto. A falta de conocer la gran megalópolis que es Tokio, sólo puedo decir que las grandes ciudades japonesas me están pareciendo muy distintas a las europeas: ordenadas, extremadamente limpias, poca contaminación y concienciadas de la necesidad de tener un espacio natural (ya sea un parque o un jardín) en cada barrio y cada calle.

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En Kioto, por ejemplo, basta con apartarse un poco del bullicio de las grandes avenidas comerciales para encontrarse con vecindarios de atmósfera sosegada, escasos de turistas pero repletos de tiendas de barrio, talleres de artesanía o izakayas. No sé cómo serán Nagoya u otras grandes urbes, pero Kioto parece la ciudad ideal: cosmopolita, bonita y cómoda. Hasta la última callejuela tiene su encanto, no digamos ya su infinidad de templos y santuarios, o los barrios tradicionales como Gion y sus geikos (la actitud de los turistas con estas chicas, la manera en que se lanzan en su camino para fotografiarlas sin permiso, ya es otra cuestión).

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No voy a ser como los que pasan una semana en un país y ya pretenden pontificar sobre el mismo, sólo tengo mis impresiones, pero por ahora son inmejorables. Venía enamorado de la cultura y la historia japonesa, pero creo que lo que más me está sorprendiendo es su gente. En pocos días ya tenemos varias anécdotas de personas que viéndote confuso o despistado, se acercan e inician una conversación para intentar ayudarte. No importa que apenas hablen inglés o que sepan que la charla va a resultar confusa, al menos lo intentan. El primer día que cenamos fuera en Osaka, en un “kaiten sushi” con su cinta transportadora de platillos, nuestro vecino de barra se encargó de explicarnos todo a base de gestos y buena voluntad: el precio de los platos, cómo prepararte el té verde, cómo amontonar los platos para que el camarero los cuente… Y no ha sido el único que ha acudido al auxilio de estos turistas despistados. Es difícil no sentirse bien recibido, y uno no puede evitar recordar experiencias anteriores en grandes ciudades europeas mucho menos acogedoras con el visitante.

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De los japoneses se dice que sufren una presión que sería insoportable para cualquier occidental en los estudios y el trabajo, se habla de su exagerada contención de las emociones, de su obsesión por el protocolo… Por ahora sólo puedo decir que son personas atentas, afectuosas y con bastante sentido del humor (nuestra guía, Yuriko, da prueba de ello cada día). En absoluto frías. La sensación general es que agradecen sinceramente el que alguien muestre interés en su país.

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Y a todo esto hay que sumar que la flor de cerezo nos está acompañando durante el viaje. El espectáculo de girar una esquina y encontrarte con un canal flanqueado de sakuras es sobrecogedor, o contemplar mientras esperas el tren cómo el río arrastra las pinceladas rosas que han nevado sobre la corriente. No sé cómo será vivir en Japón, no sé si será una sociedad tan inhóspita como algunos dicen, pero os aseguro que visitar este país está resultando una experiencia inolvidable.

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