Segundas ediciones y lectores que te releen

Siempre he pensado que el mayor elogio que se le puede hacer a un autor es releer alguna de sus obras. En esta época de tiempo-para-nada y novedades vaciadas con volquete sobre las mesas de las librerías, el que alguien decida regresar a una historia y unos personajes que ya conoce es un insólito acto de amor, y un gran honor para quien los imaginó y los escribió.

Desde el lanzamiento hace justo una semana de El guerrero a la sombra del cerezo, me han llegado muchas fotos de lectores que me mostraban su ejemplar, felices de poder volver a leerlo, esta vez en papel, de poder ver mi historia por fin en sus estanterías. Y yo alucino. Iría a la casa de cada uno de ellos a darles las gracias, porque además han conseguido (habéis conseguido) un fantástico efecto colateral: la editorial ha debido anunciar la 2ª edición en menos de una semana. Es imposible que sea por la recomendación de los nuevos lectores, (casi) nadie se lee una obra de más de 700 páginas en tan pocos días; se lo debo a todos aquellos que descubrieron la obra como autopublicada y que no se han cansado de recomendarla a lo largo de estos dos últimos años, a los mismos que han decidido releerla pese a tenerla ya en formato digital.

Son muchas las historias que me han llegado a lo largo de este tiempo, palabras de esas que te alientan a seguir escribiendo pese a lo inhóspito que puede resultar el negocio editorial. La de un padre que ha leído El guerrero dos veces, una para él y otra leyéndoselo en voz alta a su hijo; la de un hijo que decidió imprimir los cientos de páginas del eBook porque no lo encontraba en papel y se lo quería regalar a su padre, que se niega a leer en digital; la de una persona que me daba las gracias por ayudarle a sobrellevar una muy mala etapa, de la que podía escapar durante unas horas al día perdiéndose tras los pasos de Seizo Ikeda; la de un editor jubilado que me escribió tras leer la novela, diciéndome que no se explicaba cómo se le había pasado por alto a las grandes editoriales y ofreciéndose para intermediar con aquella para la que había trabajado… Emails y mensajes privados de esos que te dejan abrumado, porque tú lo único que pretendías era contar una historia.

Así que infinitas gracias, gracias por leerme y por releerme, gracias por enamoraros de Seizo, Kenzaburo, Ekei y O-Ine, por seguir sus pasos, por insistirle a otros para que descubran la historia de estos personajes. No puedo ir a cada casa, pero espero encontrarme con muchos de vosotros en los próximos días, en las presentaciones, en las firmas de libros. El trabajo de escritor es muy solitario, solo te sientes acompañado cuando te encuentras con un lector y ves que tu historia ha cobrado vida en su mente, cuando puedes intercambiar unas palabras. Así que os espero a todos.

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