Tres meses de ‘Hijos del dios binario’

Hoy hace justo tres meses que Hijos del dios binario salió a la venta, y en la industria suele considerarse que un libro es novedad durante ese primer trimestre. Después de este tiempo, va desapareciendo poco a poco de las mesas de novedades y pasando a las estanterías, donde pierde casi toda visibilidad (y de ahí, si vende poco o nada, pasa a los tan temidos paquetes de devoluciones). Aunque mucho me temo que eso de los tres meses “de gracia” es más bien una convención heredada de otra época, una en la que las editoriales publicaban a un ritmo más mesurado y las novelas tenían más tiempo para respirar en los escaparates, más espacio para encontrar a su público. A día de hoy, el aluvión de novedades que llegan a las librerías cada semana va empujando hacia el fondo de la tienda a aquellos libros que llegaron poco antes.

Hijos del dios binario

En cualquier caso, esto significa que, a partir de ahora, Hijos del dios binario tendrá que vivir de la promoción que pueda hacer por mi cuenta y, sobre todo, del boca a boca, de la recomendación de un lector a otro, que no deja de ser el mejor marketing que puede existir, tan eficaz como incontrolable. Afortunadamente, creo que la recepción de la novela está siendo bastante buena, y espero que con un poco de suerte los primeros lectores se vayan convirtiendo en prescriptores y se siga difundiendo la palabra del dios binario. El tiempo dictará sentencia; por ahora solo puedo decir que estos tres meses han sido un máster acelerado en esto de promocionar un libro, una dosis de realidad editorial reconcentrada que me ha hecho comprender, entre otras cosas, que cuesta mucho hacerse un hueco en un mercado tan saturado, y que cada ejemplar vendido es una pequeña victoria que celebrar.

Han sido tres meses de presentaciones, la primera de ellas en Málaga, flanqueado por dos colegas como Juan Cuadra y Carlos Sisí y rodeado de familia, amigos y lectores. Regocijo compartido, momentos emocionantes, muchas risas y cantidad de firmas (incluidas algunas de los maestros de ceremonia) en la única presentación que, según muchos dentro del sector, tiene sentido. Y es que a poco que uno se acerque a cualquier presentación de un escritor “foráneo”, verá que, por más bestseller que sea el autor, los asistentes se cuentan con los dedos de dos manos (o de una). A no ser que estemos hablando del famoso de turno, claro.

Mucho más eficaz es el formato empleado por la gente de Biblioforum, con charlas tematizadas sobre literatura que sirven, además, para dar a conocer al público determinadas obras y autores. En mi caso, la escritora, presidenta de Biblioforum (y muy buena amiga), Concha Perea, tuvo a bien invitarme como ponente a una charla sobre “La ciencia ficción en otros géneros” en la Fnac de Sevilla, donde compartí mesa con ella y con Luis Manuel Ruiz. Además de pasar un buen rato hablando sobre mi género literario favorito, me sirvió a modo de presentación oficiosa de Hijos del dios binario en la capital hispalense. Si a ello le sumamos que los binarios se agotaron en dicha Fnac, y casi conseguimos arrasar también con los de la Casa del Libro y El Corte Inglés (las tres tiendas se encuentran en línea recta), estoy por asegurar que el formato Biblioforum funciona mejor que bien.

Y para cerrar el ciclo de presentaciones me fui hasta Barcelona, nada más y nada menos que al Templo de la Fantasía y la Ciencia Ficción en nuestro país: la librería Gigamesh. Os diré que presentar en Gigamesh es una de las cosas más alucinantes que haré en toda mi vida. Si alguna vez pudiera volver atrás en el tiempo y hablar con el fan-lector que fui (soy y seré), le podré decir: «vas por buen camino, chaval, presentarás tu libro en Gigamesh y prologarás cómics de Watchmen». Habría sido una paradoja abierta, que la llamaría Miquel Barceló, porque probablemente hubiera muerto fulminado por la emoción en ese mismo instante y nunca hubiera podido escribir Hijos del dios binario ni los artículos para DC Comics. Por suerte, la presentación en Gigamesh me ha cogido más talludito y no solo sobreviví a la emoción, sino que logré articular un discurso más o menos inteligible. Para los que no me creáis, aquí os dejo el vídeo del evento que la librería tuvo a bien transmitir en directo a través de su canal de YouTube.

La presentación estuvo auspiciada por El Librero del Mal y mi superagente, Txell Torrent, que no solo se encargaron de que todo fuera como la seda, sino que me procuraron una estancia (y una cena) memorables, y me buscaron dos soberbios escoltas para el evento: el escritor y guionista de El Terrat, Enric Pardo, y el ubicuo Miquel Codony, uno de los tipos más leídos en cuanto a literatura de género que encontraréis por la Red. Sé que la presentación (y las activas recomendaciones de Antonio Torrubia, el ya mentado librero malevo) han ayudado mucho a que Hijos del dios binario se coloque por dos meses consecutivos en el Top de ventas de Gigamesh, así que esperemos que los señores editores den por bien sufragada la expedición y me lleven a repetir presentación el próximo año, si es que todo sale según lo previsto con El guerrero a la sombra del cerezo.

A las presentaciones hay que sumar el ciclo de entrevistas en podcasts como Los 4 navegantes (espectacular charla con los cuatro integrantes de este espacio literario, más un par de polizones que se colaron en la cubierta), además de en medios regionales y nacionales. La más especial de todas ellas, quizás por ser oyente habitual del programa, fue la que me hizo Santiago Bustamante para su programa en RNE 3: Fallo de sistema. Y es que disfrutar de un “system failure” dedicado casi íntegramente a Hijos del dios binario fue toda una experiencia que disfruté, tanto durante la grabación como escuchándolo posteriormente en la emisión.

Y por último, las sesiones de firmas, que te permiten conocer en persona a los lectores, charlar con ellos un rato, intercambiar impresiones… No exagero si digo que es lo más gratificante de todo esto de poner un libro en la calle. En mi caso he sido invitado a El Corte Inglés de Málaga, a la Casa del Libro de Sevilla y a las ferias del libro de Málaga, Sevilla y Madrid. Afortunadamente, en ningún caso tuve que confrontar el temido momento de levantarte de la silla sin haber firmado un solo ejemplar, chocarle la mano al librero y encogerte de hombros. Creo que es un miedo que sobrevuela a los autores invitados a este tipo de actos, y supongo que la situación a todos les acaba llegando tarde o temprano. En mi caso la experiencia ha ido bastante bien; no es que hayamos agotado ejemplares, pero los libreros parecían satisfechos cuando me marchaba, y supongo que eso es buena señal.

Cómo veis por el cúmulo de enlaces y fotografías que he ido soltando, este artículo es más bien una página de diario que me servirá a modo de memento de lo que han sido estos días. Y creo que también es un buen ejemplo de que esto de publicar es solo la mitad del camino; luego hay que recorrer la otra mitad, que es intentar vender tu obra. Quizás sea esta una parte de la travesía menos solitaria que la de encerrarte a escribir en tu habitación, pero también es una en la que te acompaña una responsabilidad que antes no tenías: la de saber que hay alguien que ha invertido trabajo y dinero en tu creación y espera obtener beneficios por ello; la de conocer a los lectores que aguardan lo que escribes y a los que puedes decepcionar… Y la de saber que estás en el mercado; tu novela ha pasado de ser una historia a la que diste forma para convertirse en un producto, y un producto es tan bueno como el beneficio que genere. Dicho de otra forma: como escritor, vales lo que vendes, y vender cada día está más caro. Pero nadie dijo que esto sería fácil. Seguiremos informando.

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