‘Ama’, las “mujeres del mar” de Shima

Cuando uno se anda documentando se viene a topar con fragmentos de la Historia que son auténticas perlas (me vais a perdonar el juego de palabras), tanto que no puede dejar de contarlo al que quiera escucharlo. Ha sido el caso de las ama, literalmente, “mujeres del mar”, las recolectoras de perlas de la costa de Shima en Japón. Había escuchado hablar de ellas antes y las había visto retratadas en algunos mangas históricos como curtidas buceadoras que se sumergían desnudas en el mar, con solo un cuchillo entre los dientes para realizar su labor. Había dado por sentado que se trataba de una visión distorsionada de una realidad histórica, dado como es el seinen manga a sexualizar y exagerar determinados acontecimientos. Sin embargo, esta imagen no se desviaba tanto de la realidad.

Fotografía de Eishin Osaki.
Fotografía de Eishin Osaki.

Las ama existen desde hace más de mil años (la primera constancia documental de ellas procede del poemario Man’yôshû, datado en el 759 d.C.), y durante todo este tiempo su oficio ha consistido en bucear en apnea para recolectar los moluscos, esencialmente ostras, que crecen en los fondos marinos de la escarpada costa de Shima. Más allá de su poderosa capacidad de evocación (no es extraño que se las mencione en un poemario), lo cierto es que se trataba de una labor dura y peligrosa, máxime si tenemos en cuenta las gélidas temperaturas de este litoral y que, durante siglos, la han acometido sin más equipo que el pincho utilizado para arrancar las ostras, un tanga fundoshi para facilitar sus movimientos, y la cuerda empleada para guiarlas de regreso a la superficie.

‡“€„Fotografía de Fosco Mariani.
‡“€„Las herramientas de una ‘ama’ (Fosco Mariani).

Una ama comenzaba a aprender el oficio a los 13 años, iniciándose con inmersiones de 5 metros como máximo. Hasta los 30 años no se convertían en funado, considerándoselas entonces buceadoras plenamente experimentadas capaces de hacer inmersiones de hasta 20 metros de profundidad. Se consideraba que una ama alcanzaba las plenas facultades a los 50 años, y la mayoría practicaba el oficio hasta los 70, aproximadamente. Empleaban técnicas de respiración para evitar dañarse los pulmones, llegando a permanecer incluso dos minutos bajo el agua. Tras inmersiones prolongadas exhalaban el aire lentamente, separando levemente los labios y emitiendo un largo silbido conocido como isobue.

Una ama se sumerge sujetando la cuerda entre sus piernas (Fosco Mariani).
Una ‘ama’ se sumerge sujetando la cuerda entre sus piernas (Fosco Mariani).

No hay una explicación evidente de por qué se trataba en una labor exclusivamente femenina. Desde un punto de vista sociológico, se conjetura que fue una actividad paralela que surgió de manera natural en las comunidades de pescadores de la costa de Shima. Los hombres se embarcaban para pescar en alta mar, y las mujeres, que quedaban atrás para dedicarse a cuidar de los cultivos y los niños, encontraron en la recolección de algas y moluscos un aporte más a la economía familiar. Otras teorías son de orden fisiológico, apuntando a que el cuerpo de la mujer, al tener mayor cantidad de grasa sobre los músculos, podía soportar mejor las largas jornadas de inmersión.

Dos 'ama' modernas mariscando entre las olas (Yoshiyuki Awase).
Dos ‘ama’ modernas mariscando entre las olas (Yoshiyuki Awase).

En cualquier caso, el oficio de las ama ha cambiado a lo largo de los siglos, aunque no de manera sustancial. Tradicionalmente estas mujeres eran recolectoras y mariscadoras, y el hallazgo de una perla era un golpe de fortuna que podía garantizar el bienestar familiar durante varios años. Esto cambió cuando el empresario local Kokichi Mikimoto consiguió cultivar las primeras perlas de manera artificial. A partir de entonces, muchas ama comenzaron a trabajar en el cultivo de perlas, siendo las encargadas de extraer las ostras a la superficie, donde se les insertaba el núcleo extraño que daría origen a la perla, y devolverlas al lecho marino para su posterior recolección. La actividad pronto comenzó a atraer al turismo extranjero, y Mikimoto solicitó a sus empleadas que comenzaran a cubrirse con paños blancos, debido a la contrariedad que producía entre los turistas su desnudez.

El oficio de las ama ha sobrevivido hasta nuestros días; desde mediados del pasado siglo algunas han comenzado a utilizar equipos moderno de buceo, como gafas, aletas y trajes de neopreno. Aun así, continúa siendo una actividad dura y exigente, lo que ha impedido que vayan surgiendo nuevas generaciones que mantengan la tradición. Probablemente, tarde o temprano las ama acaben desapareciendo, y el mejor testimonio de su oficio será el trabajo de fotógrafos como Yoshiyuki Iwase, Eishin Osaki o Fosco Mariani.

Fotografía de Fosco Mariani.
Fotografía de Fosco Mariani.
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