Mad Max, una huida hacia los orígenes

Mad Max: Furia en la Carretera, lo que se suponía que iba a ser un blockbuster del que íbamos a olvidarnos a los quince minutos de dejar la sala, ha resultado ser una película para el recuerdo, un portento lúdico y estético, un espectáculo que pisa el acelerador, te pega la espalda a la butaca, y sólo te deja respirar cuando saltan los títulos de crédito. Es entonces cuando uno se pregunta: ¿por qué nadie ha hecho esto antes? Probablemente porque nadie había sido capaz siquiera de imaginarlo.

La historia que alimenta el motor de Mad Max no es especialmente compleja: es la historia de una huida, de gente que hace causa común ante la desesperación, de una persecución de dos horas que, rodada sin maestría, podría aburrir al espectador. Es un argumento vehicular, completamente al servicio del espectáculo, y que jamás ha existido como guion en sí, ya que el equipo de rodaje sólo tuvo acceso a un storyboard. Pero que no haya complejidad argumental no significa que no haya riqueza de matices y profundidad emotiva; hay personajes con trasfondo, muy alejados del cliché, con motivaciones completamente verosímiles; también hay un universo que nadie se molesta en explicarte, en el que te ves zambullido de forma violenta, pero que se siente extenso y sin fisuras, como el desierto de sal que se pierde en el horizonte.

Pero no nos engañemos, aquí lo de menos es el argumento. Lo que importa de verdad es el ritmo y el espectáculo, y en este sentido, George Miller, un señor de 70 años, da una lección a todos los directores videocliperos que plagan el género. La cartelera vomita películas de acción cada fin de semana, casi sin querer podemos ver una docena de ellas al año, pero cuando asistes al espectáculo que es Mad Max: Furia en la Carretera, descubres que llevamos quince años viendo las mismas películas de acción, los mismos planos cortos confusos, la misma estética oscura, el mismo montaje epiléptico en el que no se aprecia prácticamente nada, y que sencillamente nos hemos habituado a ello.

George Miller, sin embargo, monta la cámara y la mantiene estable, acompaña la acción con un travelling rodado desde un coche, utiliza planos medios y largos que narran, no confunden, y entrega el metraje a una editora, Margaret Sixel (su esposa y editora habitual), acostumbrada a ensamblar comedias y dramas y que, sin embargo, realiza aquí un montaje de acción soberbio, vertiginoso e inteligente, que no hace sino subrayar la belleza estética de los planos concebidos por el director. Digo ya, y no estamos ni a mediados de año, que sería incomprensible que no recibiera el Oscar al mejor montaje.

La tormenta de arena en Mad Max: Furia en la Carretera

Respecto al debate de moda en algunos blogs y redes sociales sobre si esta Mad Max es “la primera película de acción verdaderamente feminista”, sólo diré que me parece del todo absurdo, y que sólo puede estar alimentado por los prejuicios que algunos arrojaron sobre la cinta antes de verla (y que debieron comerse con patatas a posteriori, claro). La película es del todo coherente en su propuesta, y el caduco rol de la mujer necesitada no hubiera tenido sentido en un mundo como el que nos plantea. El personaje de Imperator Furiosa (Charlize Theron) no es feminista, es un personaje poderoso y cautivador, sí, pero también es por completo realista. No exagera cualidades ni adopta decisiones que no tomarían otras mujeres en una situación así. Y tampoco creo que sea el primer rol femenino de estas características que se muestra en el cine de acción (la Teniente Ripley o Sarah Connors son dos que me vienen rápidamente a la cabeza sin salir del género de la ciencia ficción).

Mad Max (Tom Hardy) e Imperator Furiosa (Charlize Theron).
Mad Max (Tom Hardy) e Imperator Furiosa (Charlize Theron).

Por concluir, sólo decir que, con este magnífico ejercicio de estilo, lo que George Miller ha logrado es revolucionar un género que llevaba casi dos décadas lastrado por los tópicos argumentales y de realización. Veremos mucho de esta Mad Max en las películas que están por venir, su influencia va a ser muy larga. Y lo mejor es que lo ha logrado sin pretensión alguna, pues no hay en esta Mad Max más intención que la de homenajear a la franquicia original y hacer disfrutar al espectador. Al fin y al cabo, y reduciéndolo a su esencia, lo que ha logrado Miller es regalarnos una serie de imágenes (esa tormenta de arena, esa huida a través de los pantanos) que se quedarán grabadas en nuestra retina para siempre. Y eso, cuando se ha visto tanto, tiene muchísimo mérito. 9

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