Literatura vs. literatura de género

Recuerdo bien mi primera cita con el club literario de la Facultad de Periodismo porque no tardé ni media hora en entender que yo allí no pintaba nada. No me entendáis mal, no es que me las quiera dar de outsider o anticultural (líbreme Dios), es que allí sólo se hablaba de autores que no solían pulular por mis estanterías: Cortázar, Chéjov, Borges, Reinaldo Arenas… Algunos de los cuales me encontraría más adelante en el camino, pero que en aquel momento, a mis 18 años, estaban muy lejos de mis intereses. Para dejarlo claro: a ellos les iba el realismo mágico, mientras que yo era más de lo mágico a secas, de hechiceros de barba blanca y libros que te transportan a Fantasía a bordo del dragón Fujur. Yo lo que quería era hablar de Tolkien, de Ender, de Phillip K. Dick y de Lovecraft, pero lo máximo que saqué fue alguna conversación rápida sobre Poe, y porque estaba en el temario.

Fue la primera vez que me topé con ese muro que separa la llamada “literatura de género” de la “literatura” a secas, la seria, la fetén, la que eleva el espíritu e ilumina, no la que entretiene a las masas. Ya sabéis por dónde voy. El caso es que el desencuentro fue evidente y no se me vio mucho más por el club de lectura, así que aquella dicotomía no me preocupó más allá de algún que otro debate en clase con el profesor de Literatura Universal. Sin embargo, de un par de años a esta parte (desde que me he obstinado en publicar lo que escribo) he vuelto a asomar la nariz por el mundillo literario, y he podido comprobar que dicha distinción no sólo perdura, sino que se ha hecho más frecuente, sobre todo desde que hay un creciente número de autores españoles que parecen obstinados en escribir literatura de género. En las librerías, las secciones de ciencia ficción, de thriller o de fantasía, que generalmente eran coto de caza de autores extranjeros, comienzan a estar pobladas por nombres como José Carlos Somoza, Félix J. Palma, Javier Negrete o Carlos Sisí. Autores que para colmo venden bien. Parece que hay un nuevo gusto por determinados géneros, lo que ha exacerbado aún más el énfasis que algunos hacen en que la literatura de verdad es la que no lleva apellidos.

Es cierto que existe una literatura con ánimo de trascender y otra que busca, ante todo, entretener al lector. Pero aún no he encontrado el dique que separe una de otra y las haga estancas. Fuera de nuestras fronteras se ha entendido la literatura “de género” como un vehículo adecuado no sólo para ofrecer un entretenimiento de calidad, sino para sondear realidades interiores y exteriores más complejas. No hay nada que impida a un thriller o a una novela de aventuras reunir los más elevados valores estéticos y narrativos, o a un relato de ciencia ficción o de terror realizar una incisiva interpretación de la sociedad o la psique humana. ¿Dónde está la frontera, entonces? ¿En la capacidad de conmover, de resultar memorable, de inspirar a otros? Pocas escenas recuerda uno en el cine tan conmovedoras y memorables como la muerte del replicante Roy Batty, y pocos libros han inspirado a tantos como El Señor de los Anillos.

Puede haber una literatura culta y una literatura de masas, pero no hay nada intrínseco en ninguna de ellas que la haga mejor a la otra, sobre todo porque, en última instancia, ambas beben de la misma fuente: la del contador de historias que narra para entretener a un público. La novela es ficción por definición, es crear un mundo para ofrecérselo al lector, por eso me resulta tan difícil de tragar la pose de aquellos escritores que dicen escribir “a pesar del lector”, que escriben para la menor de las minorías: para ellos mismos, pero con la intención, eso sí, de que posteriormente todos alaben su ensimismamiento. Dejémoslo claro: si pretendes publicar, escribes para un público, y tu obligación con ese público es ofrecerle algo de interés, que lo entretenga; si además eres capaz de conmover y remover conciencias y certezas, quizás logres elevar el oficio de narrador a la categoría de arte. Pero lo segundo sin lo primero se me antoja francamente difícil.

No hay nada que haga la lectura minoritaria mejor que la comercial, no es necesariamente más valiosa ni más compleja, ni el hecho de que una obra sea capaz de gustar a un público amplio va en detrimento de su calidad; más bien al contrario, es una cualidad más. Lo cierto es que discutir este tema siempre me ha aburrido, así que os dejo con una última reflexión: la unánimemente considerada mejor obra en español es una novela de caballería, el género más popular de su época, y escrita con el prosaico objetivo de pagar facturas. Más comercial imposible.

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19 thoughts on “Literatura vs. literatura de género

  1. Con lo único que no estoy de acuerdo, y puede que sea una mala interpretación por mi parte, es con esto: ” tu obligación con ese público es ofrecerle algo de interés, que lo entretenga”. Pareciese que identificas “interés” con “entretenimiento”. Si no es así, nada que objetar, pero si lo es, entonces discrepo. A veces una novela me ha interesado, y mucho, pero no he esperado que me entretenga, sino quizá que me asuste, o que me haga pensar, o que me sacuda, o que me enseñe algo… Cosas que no identifico con “entretenimiento”.

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  2. No te falta razón. Pongámoslo en disyuntivo: “ofrecerle a ese público algo de interés, o que lo entretenga”. Aun así, algo puede ser de tu interés a priori pero si no te entretiene y mantiene tu atención, pronto dejará de interesarte. Sobre todo cuando hablamos de ficción.

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  3. ¿Tú crees? Entre Tolkien, Ender, Stoker, Shelley, Locecraft, Asimov, Arthur C. Clarke, Robert Louis Stevenson, Conan Doyle… ¿Cuál es el mediocre, exactamente?

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  4. Gracias, Blanca. Yo creo que la calidad literaria de una novela no viene determinada por el género en el que se enmarca, sino por calidad de la obra en sí. Pero muchos insisten en degradar determinados géneros y temáticas por el simple hecho de tener una función primordialmente lúdica.

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  5. Creo que había una secta secreta de docentes, allá por egb, cuya organización tenía como único fin crear una gran masa de no-lectores, obligando a adolescentes a leer la celestina, el lazarillo, etc hasta lograr un odio acérrimo por la lectura. Algunos resultamos inmunes, sorprendentemente.
    Hace poco me regalé un libro de la editorial Impedimenta, de título “la puerta de los pájaros”, de Gustavo Martín Garzo. De ahí acabé viendo un vídeo en youtube del autor, presentando el libro, y tratando ese eterno debate del gusto de este país por el realismo, Me encantó.
    En resumen, sostiene que esa mala prensa de lo fantástico, literatura b, relegando sus libros al fondo de la librería, y en penumbra, supone no entender qué es, qué propone y cómo lo hace la literatura fantástica. Lo recomiendo

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  6. Veo un argumento poco acertado el de “pocos libros han inspirado a tantos como El Señor de los Anillos.” El Señor de los Anillos ha influido más mediáticamente estos años gracias a las películas que con la obra escrita en sí. Influencia es la que hace, por ejemplo, la Odisea en el Señor de los Anillos, obra que sí es de género. El Señor de los Anillos no supuso una revolución literaria o algo novedoso (hay pasajes que son calcados). Rara vez se ha llegado a superar la originalidad y calidad de la narrativa épica de Homero. Entramos en lo que es literario y lo que no es literario, un pantano en el que los propios filólogos no saben cómo moverse todavía. Sin embargo, sí estoy de acuerdo en que obviamente tiene mensajes que hacen pensar al lector.

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  7. Yago: bastante de acuerdo con lo que Martín Garzo expone en la entrevista. Y al respecto de lo que dices sobre el papel de la literatura en la educación reglada, te recomiendo este esclarecedor artículo de Juan Cuadra: http://lascasasdelacarne.com/2016/01/28/de-como-los-profesores-destruimos-lectores/

    Luis: Lamento estar muy en desacuerdo contigo. No hablo de popularidad ni de renovación literaria, no atribuyo a Tolkien ninguno de esos calificativos. Hablo de capacidad de inspirar a otros, y es innegable el impacto determinante que la obra de Tolkien tuvo en toda la literatura fantástica posterior a El Señor de los Anillos. Tolkien estableció un canon que, en mayor o menor medida, todo el mundo ha seguido dentro del género hasta finales del siglo XX. Y son innumerables los autores que han reconocido en el británico una de sus principales fuentes de inspiración, no solo dentro de la literatura, también en la música (incluso en el rock y el heavy metal), la ilustración o el cine. Sin ir más lejos: la trilogía filmada por Peter Jackson que tú bien mencionas.

    Oliver Mulet: No solo te creo, sino que me parece escucharte 😉

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  8. Un post genial. Siempre me ha repateado el esnobismo que hay en la literatura. Del que pecamos, para empezar, los propios autores. La calidad literaria no viene en la etiqueta del libro, sino que depende de la tripa ;D.
    Supongo que es por ser autora de juvenil, comúnmente denostada como literatura de baja calidad (¿No es “La historia interminable” de Michael Ende, juvenil?).
    En fin, que me ha encantado.

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  9. Amén. Por si alguna vez te habías sentido solo, que sepas que no eres en absoluto el único en defender esa opinión. Y no digo más, que me caliento.

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