¿Qué significa ser finalista del Fernando Lara?

Pocas veces me suceden cosas que sean materia para el blog. Creo que mi vida cotidiana carece de interés para todos aquellos que no forman parte de ella, por eso prefiero hablar de cine, literatura, periodismo, televisión… Veo más apropiado opinar sobre temas comunes que puedan resultarnos interesantes a todos que hablar sobre mí, la verdad. Sin embargo, la pasada semana me sucedió algo sobre lo que sí podría escribir.

Los que hayáis leído mi “saludo de regreso” ya sabéis que durante los últimos años he reducido mi actividad bloguera porque me embarqué en la nada desdeñable empresa de escribir mi primera novela. En otro momento explicaré cómo ha sido esta experiencia, por si alguno está interesado en esto del mundillo literario, pero por ahora baste explicar que después de tres años de documentación, planificación y escritura, di la novela por terminada y revisada el pasado mes de enero. ¿Qué he hecho después? Pues ahora estoy inmerso en el después, consistente básicamente en lograr que la novela vea la luz. Para ser sinceros, no me conformo con que “vea la luz”, porque una cosa es publicar y otra que la gente te lea. Y, señoras y señores, qué me perdonen los editores mi atrevimiento, pero yo quiero que me lean; entre otras cosas porque es la única manera de que a tu primer libro le siga un segundo.

No sé si alguno de vosotros tiene contacto con este mundillo, pero os podéis imaginar que la crisis está afectando al sector del libro como al resto de los mortales, lo que ha hecho que las editoriales (sobre todo las grandes) se hayan vuelto especialmente conservadoras y cautelosas. En la práctica esto significa que es muy difícil que arriesguen con autores desconocidos, sobre todo cuando la novela en cuestión se sale de las temáticas convencionales. Así que, como alternativa, hace unos meses tuve la idea de enviar mi original a dos de los premios literarios que podríamos considerar “gordos” (gordos por las editoriales que los organizan, por el montante del premio y por su deslumbrante elenco de ganadores): el Premio Fernando Lara (de Planeta) y el Premio Alfaguara.

Tranquilos, no los envié porque tuviera la intención de ganarlos (ya sería ingenuo), sino porque me pareció una buena manera de que los lectores profesionales de dichas editoriales, esos que hacen la criba entre los cientos de novelas que llegan y las reducen a un número manejable para el jurado, pudieran echarle un vistazo a la mía. Enviar mi manuscrito al email de, por ejemplo, Random House Mondadori tendría como consecuencia más probable que acabe en la carpeta de eliminados sin ni siquiera ser abierto, pero tenía la esperanza de que si lo enviaba a un concurso alguien tendría que leer por lo menos un par de capítulos, y quizás, sólo quizás, pudiera llamar tanto su atención como para comentarle a algún editor: “oye, échale un vistazo a esta novela, no está mal y puede ser publicable”.

Pues bien, el viernes de la semana pasada recordé que el premio Fernando Lara se fallaba durante el mes de mayo, así que hice una rápida búsqueda en Google que arrojó como resultado una serie de noticias con el titular “Diez novelas optan al premio Fernando Lara que se falla esta noche”. Pico en el enlace de la noticia en Europa Press y comienzo a leer. Quería conocer los títulos de las novelas finalistas, más que nada para ratificarme en cierta idea perversa que tengo sobre los nombres de las novelas que ganan estos premios tan prestigiosos, pues siempre me han parecido cortados por el mismo patrón. Son como los árbitros, que tienen nombres de árbitro. Es decir, si le pones a tu hijo Mejuto González o Undiano Mallenco, ¿a cuánto estás elevando sus posibilidades de ser árbitro? Como mínimo a un 90%.

Me voy por las ramas. Comienzo a leer la lista de los finalistas y… ¡shock! Leo mi nombre y el título de mi novela. Si os digo la verdad, no tengo muy claro qué sucedió en los minutos siguientes, sé que hice llamadas y se lo conté a mi familia y a mis sufridos “betalectores”, que tanta paciencia han tenido conmigo estos años (creo que aún no saben lo importante que han sido sus opiniones y sugerencias, no sólo para mejorar la novela, sino para reunir fuerzas para acabarla).

Sí os puedo decir que me pasé el día explicando que era imposible que ganara, no sólo porque ya era increíble que mi novela estuviera ahí, sino porque el ganador ya lo sabría a esas alturas (¿verdad, Mr. Gibson?). Si veis el listado de premiados con el Fernando Lara os daréis cuenta de que el perfil no suele ser el de “joven escritor con su primer libro”, así que más o menos tenía claro que el verdadero premio era estar entre las novelas elegidas. Era una inyección de ilusión, la forma que tenía alguien de decirme que puedo valer para esto. Cuando te embarcas en la travesía de contar una historia, un viaje solitario que dura varios años, atraviesas inmensos océanos de incertidumbre en los que jamás ves tierra. Hay más de una noche de ¿merece la pena tanto sacrificio?, ¿esto le puede interesar a alguien más que mí?, ¿estaré perdiendo tiempo y energías en una novela que no merece la pena? Incluso cuando mis primeros lectores mostraban interés por saber cómo continuaba la historia o, con el libro ya concluido, me decían que la novela era de verdad buena, siempre te queda una sombra de duda. Son tus amigos, gente que te quiere, ¿qué te van a decir? Así que saber que personas de la industria, gente que se gana la vida con esto, había metido mi novela entre las finalistas… se me ocurren pocas cosas más gratificantes.

Pero más allá de este espaldarazo emocional, ¿qué supone haber sido finalista del Fernando Lara? Puede que nada, o puede que algo. La Sombra del Viento fue finalista en el 2000, ¿le abrió eso puertas a su autor? Es de suponer que le ayudaría, pero probablemente Zafón hubiera publicado su libro de todos modos, pues ya tenía en las librerías varias novelas de narrativa juvenil. Me gustaría saber qué pasos han dado otros finalistas en mi misma situación: sin agente literario, sin haber publicado nunca, sin ningún tipo de contacto en el mundo editorial. ¿Supuso para ellos alguna diferencia? ¿Llegaron a publicar alguna vez? Como veis tengo muchas preguntas sin respuesta. Pero sí hay una cosa que tengo clara: no pienso rendirme.

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5 thoughts on “¿Qué significa ser finalista del Fernando Lara?

  1. ¡¡Muchas gracias!! Tengo la intención de seguir dando la lata hasta que me publiquen, jeje. Y por supuesto, llegado el momento, cuento con los lectores de mi blog para disparar las ventas 😉

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  2. ¡Enhorabuena, David! Había leído algo de que estabas participando en un premio literario, pero, joder, no sabía que estabas entre los diez finalistas. Al final voy a tener que leer el libro y toso ¿Es de autoayuda, verdad? Yo es que de otro tipo no leo.

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  3. Gracias, Kuki. El libro no es de autoayuda, pero si alguna editorial tiene a bien ponerlo en las librerías y pasas por caja para leerlo, a mí me autoayudarías mucho, jeje.

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