Cuando la crítica se hace haiku

Mi crítico de cine favorito es el que escribe en El País las brevísimas reseñas de las películas que ese día se emiten por televisión. Son cuatro o cinco reseñas diarias, colocadas junto a la página de la programación televisiva, e imagino que las debe tener archivadas en alguna carpeta del disco duro de su ordenador, prestas para publicarse según el capricho de los contraprogramadores televisivos, que tanto maltratan al cine. Pero es alguien que se toma muy en serio su trabajo: sus reseñas son certeras y concisas, la crítica cinematográfica hecha haiku merced al imperativo de la maqueta del periódico.

Y precisamente eso es lo que, para mí, las hace tan brillantes. Sin el espacio del que gozan los críticos superstar, como Jordi Costa en Fotogramas o Boyero en el mismo periódico (por citar dos de los más vacuos), este reseñador anónimo no puede permitirse el lujo de escribir párrafos y párrafos de recargada y hueca retórica, debe ir al grano: breve sinopsis de la película y unas líneas para decirnos si es buena o mala. Y lo hace con un talento que, mucho me temo, pasa desapercibido para los cinéfilos que tan sólo buscan las críticas alojadas en las páginas de cultura, pasando por alto estas cápsulas de sabiduría que se esconden en la prosaica página de televisión.

Cuando mi padre traía a casa El País (edición impresa, lamentablemente en la web no encontramos estas reseñas), yo lo primero que hacía era leer estas breves reseñas. Y las leía con mayor avidez cuando encontraba alguna acompañada de un punto negro (la valoración más baja), pues sabía que en esos casos nuestro crítico anónimo destruía la película con la precisión de un bisturí; la desmontaba sin necesidad de líneas y líneas de sesuda y farragosa prosa, sino que, para mi deleite cómplice, despachaba a la película con unas breves líneas cargadas de cinismo ácido y venenoso. Aniquilaba cualquier intención de ver dicho film con la eficacia y discreción de un asesino ninja. Al ser tan breve, era como si ni siquiera se hubiera molestado mucho, como si la peli no mereciera mayor esfuerzo.

La próxima vez que El País caiga en vuestras manos hacedme caso y buscad las reseñas de la sección de TV (ya sabéis, sobre todo las que llevan un punto negro), y leeréis a uno de los mejores críticos cinematográficos que podéis encontrar. SI lo convertís en hábito, llegará el momento en que cuando leáis una crítica en la prensa especializada os digáis: “sí, muy bien, ¿pero qué diría el tío de El País de esta película?”.

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