La Ley Sinde y los cabrones de la fila de atrás

Decidimos ir al cine, lo que siempre es como jugar a la ruleta rusa, dado el nivel del cine actual. Es decir, lo más probable es que te acabes pegando un tiro, porque hay muchas películas malas en la recámara, muchísimas más que películas buenas, la desproporción es espantosa: tengo calculado que, de cada cinco o seis veces que voy al cine, sólo una salgo satisfecho. ¡Pero qué demonios! Me gusta el cine en el cine, con su pantalla gigante y su sala a oscuras. Cada vez que pienso “hoy vamos al cine”, se me alegra el día; por algún motivo olvido todas las contrariedades.

Bueno, que me voy por las ramas. Decidimos ir al cine. 7 euros la entrada (jooooder, lo han subido 50 céntimos). Entramos en la sala, está a oscuras; aunque faltan 15 minutos para que empiece la proyección, está a oscuras. ¿Hay algún acomodador? ¡Ah, no! Para qué se inventaron los teléfonos móviles: cancelar, cancelar, cancelar, cancelar… lucecita blanca, fila cinco, seis, site, ¡ocho! “Por favor, estos son nuestros sitios. Así muchas gracias”. Esperamos… diez minutos de anuncios malos (porque también los hay buenos) antes de que empiecen los trailers (citando a Antonio: “a menudo, lo mejor de la película). Mira que en Canal+, como pagas, no te ponen anuncios; ni en el teatro tampoco, pero aquí sí. Bueno vale, pero esto es el cine, forma parte del ritual.

Empieza la peli, el Dolby Sorround no está conectado, sólo suenan los altavoces frontales. Joooooder. La película está desenfocada, ¡claramente desenfocada! ¿Es que nadie ve que los títulos de crédito apenas se pueden leer? ¡están borrosos! ¿Por qué tengo que siempre yo el que se levante y pierda cinco minutos de peli para decirle al de la puerta que enfoquen el proyector? ¡A tomar por saco, si no se levanta nadie, pues nos tragamos todos 120 minutos de peli con desenfoque gaussiano! Diez minutos de película, los de atrás sienten la necesidad de comentar la acción como si estuvieran en el salón de su casa. “¡Sssshhhhhh! ¡Silencio, por favor!”. Risitas en la oscuridad. Cinco minutos, de nuevo las voces, ahora carecajadas. Se van creciendo y empiezan a hablar más alto. ¡Puta diarrea verbal de la gente en este país! Uno empieza a preguntarse, ya que he pagado por ver una película, ¿no se debería encargar la empresa de que el cliente pueda disfrutar adecuadamente el servicio por el que ha pagado? ¿Por qué debo ser yo el que tenga que aguantarse o generar una confrontación violenta? ¿Por qué debo educar a los incívicos que campan por este país? A esas alturas tú ya ni disfrutas peli ni nada, sólo escuchas las voces de los tres subnormales de atrás.

Sales del cine, con suerte la película ha sido buena, pero lo normal es que haya sido más bien mala. Vas sumando: 14 euros por las dos entradas, con eso nos pillamos un bluray de oferta en el Mediamarkt y lo veo en mi casa a gusto, y dentro de cinco meses, lo vuelvo a ver si me apetece, y se lo pongo a mis hijos (cuando los tenga) para que vean lo que es el buen cine. Pero, sobre todo, no me vuelvo a casa con cara de imbécil. ¡Ah, pero espera! He comprado la peli, pero me ponen un anunciote de 5 minutos diciendo que descargar es como robar, y no puedo saltar el anuncio, aunque sea la cuarta vez que pongo el disco. ¡Pero cabrón, no me lo digas a mí, que he pagado por la película! Los que lo ven en Cinetube y Megavideo no se tienen que tragar esto ¿verdad?

Pero el problema del cine español se va a solucionar con la ley Sinde. Estoy deseando que la próxima vez que vaya al cine la señora ministra se pelee con los que hablan dos filas más atrás, y que ponga en su sitio al exhibidor que cada vez cobra más, enchufa el proyector y deja las salas desatendidas, con dos trabajadores para un multicine de 15 salas. ¡Se van a enterar esos cabrones de lo que se consigue con una buena ley!

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3 thoughts on “La Ley Sinde y los cabrones de la fila de atrás

  1. Cada vez que salen los dueños de salas diciendo que la ‘piratería’ está acabando con su negocio a mi me da la risa floja… Durante años estos señores han utilizado la ‘piratería’ como excusa para subir el precio de la entrada al mismo tiempo que devaluaban el servicio. ¿Cobrar cada vez más por un servicio cada vez peor? No hay que ser un experto en finanzas para ver adónde conduce eso.

    En el camino hacia el desastre se ha ido quedando atrás el verdadero público de las salas de cine, el que tiene un nivel adquisitivo razonable y no le importa pagar 6 ó 7 euros por disfrutar de una experiencia cinematográfica en condiciones. Que a la postre la película sea mejor o peor es, en este razonamiento, secundario: habrá a quien le encante Woody Allen y quien se lo pase pipa con Michael Bay, pero ambos tienen el mismo derecho (puesto que paga por ello) a que la sala esté limpia, el proyector enfocado, que el sonido sea bueno, que haya silencio y respeto en la sala, que no se pueda entrar una vez comenzada la película, que no enciendan las luces justo cuando empiezan los títulos de crédito… Cosas que se dan por sentadas en cualquier otro espectáculo, ya sea un concierto de clásica, una obra de teatro… Eso en lo que la gente piensa cuando se dice ‘cultura’, de la que el cine parece haberse caído por culpa de los exhibidores. Quizá pensaron: ¿por qué vamos a cuidar el negocio, si los que vienen son chavales a echar el rato y no les importa la película? Mientras paguen… Pero, ¡ah! es que esos chavales ya no vienen: como la película no les importa, ahora se la bajan de internet aunque sea con una calidad lamentable. Y los que sí les importaba… esos ya no van al cine. Siguen pagando, pero por un equipo de cine en casa y un dvd, un blu-ray o un servicio de streaming legal y de calidad.

    Señores exhibidores: lo que recogen ahora es lo que han sembrado. Se lo merecen. Lloren lo que quieran, pero a este cinéfilo ya lo perdieron.

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  2. La falta de civismo es un mal endémico. El problema es que en España una parte del “civismo” se tuvo, lamentablemente, hasta la llegada de la democracia -de la represión más vil se pasó al libertinaje más avanzado- perdiéndose los más básicos valores y respetos hacia el conciudadano. La definición de libertad en el sentido de que la mía acaba donde empieza la otra es, en según que zonas y barrios de nuestro país, una quimera. Algún día seremos capaces los españoles de hacer una cola sin que nadie se cuele o al menos lo intente? estar en una sala de espera de un hospital sin armar jaleo? o estar en una zona de playa como los guiris, que hablan bajito para no molestar al resto de usuarios de la playa? Por citar tres ejemplos. Lo veo complicadisimo y parece ser que es nuestra idiosincrasia española. Si no quieres “disfrutar” este hábito español en el cine -cómo jode después de la pequeña inversion realizada para ese rito añejo y especial-, D. David opte, sin duda, por lo del Blue Ray! Lo demás es como poner puertas al campo.

    Un abrazo,

    Javi

    PD: Para su información, los Cines Royal fueron demolidos hace seis meses. ¡Qué recuerdos!

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  3. @Antonio, tiene tela que los que amamos el cine, tengamos que abandonarlo poco a poco porque hay un servicio deficiente. Cuando llegaron los vídeos, los cines se vaciaron y las empresas debieron invertir mucho dinero para volver a traer al público a las salas. Ahora todo ha cambiado de nuevo, incluso más profundamente, pero todos se obcecan en que el problema es la descarga ilegal y de verdad piensan que la Ley Sinde va a cambiar algo. La otra gran baza de la industria, por cierto, es el cine 3D, ya ves, cuando la mayoría de la gente que conozco busca desesperadamente las pelis en 2D para no pagar los 9,8 napos que te clavan por ver una peli con unas incómodas gafas y una tecnología que no pasa de lo anecdótico.

    @Javi. ¿El Royal ha muerto? Sin duda nos hacemos viejo, compi. ¿Recuerdas las pelis que vimos allí? No sé por qué, siempre me acuerdo de 2012: Rescate en LA, que vimos en aquel cine en una de nuestras sesiones de viernes tarde.

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