Los amigos que no podemos disfrutar

Esto es una reflexión, o una queja vital, según como se mire. Y es que últimamente me ha dado por pensar que la amistad ya no es lo que era, no sé si es culpa de esta sociedad que nos obliga a vivir de aquí para allá, o el problema es que a medida que crecemos tenemos menos tiempo para lo que realmente importa.

Resulta que, últimamente, mis amigos se desperdigan, la vida y sus circunstancias los aleja de mí, o yo me alejo de ellos. Me refiero a un distanciamiento puramente físico: unos están en Cádiz, otros en Sevilla, otros en Madrid, Mallorca o en Canarias… incluso tengo uno en México (espero que por poco tiempo) y otros se me han escapado a Suecia. Y nosotros aquí, en Huelva.

El otro día, pensando sobre ello, me dije que tener amigos de verdad es complicado, requiere esfuerzo y dedicación, tiempo de conocimiento mutuo y confianza, requiere, por qué no decirlo, de una criba que te permite saber quiénes son los auténticos amigos, los que van a estar contigo hasta el final. Y cuando por fin los tienes, la vida no te permite disfrutarlos, sólo a cuentagotas, en contadas y valiosas excepciones.

Envidio los tiempos de nuestros abuelos, cuando la gente nacía, crecía y moría en el mismo sitio, con la familia y los amigos siempre a mano. Esta sociedad nos obliga a estar en constante movimiento, a vivir en un sitio y en otro sin que tengamos tiempo de echar raíces; quizás eso nos da la oportunidad de conocer a más gente interesante, de abrir nuestro abanico, ¿pero de qué sirve si al cabo del tiempo sólo tienes el Facebook y el correo electrónico para estar con ellos?

Os lo he dicho, sólo era un “ay” en un día un poco gris.

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One thought on “Los amigos que no podemos disfrutar

  1. Nadie dijo que tener amigos tuviese que ser fácil. Pero así sabes que realmente lo son. Porque no importa si están en la casa de al lado, en la ciudad de al lado o en el continente de al lado. Porque no importa si los viste ayer, hace un mes o hace cinco años. En las ocasiones que compartes con ellos, aunque sean breves y dispersas, es como si el tiempo no hubiese pasado, como si los conocieses de toda la vida… Porque realmente los conoces de toda la vida.

    Cuando lleguemos a casa en el último invierno, será bueno echar la vista atrás y comprobar que, a pesar de todo, no anduvimos solos.

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