“……. por el mundo”

Y en los puntos suspensivos podéis poner el gentilicio que queráis: Españoles por el Mundo, Andaluces por el Mundo, Madrileños por el Mundo, etc… Me refiero a ese nuevo formato de reality show que se ha vuelto tan popular en los últimos años, hasta el punto de que cada canal de TV regional tiene su propia versión con paisanos que han decidido emigrar.

Cuando veo estos reportajes varias cosas se me vienen a la cabeza. La primera: qué suerte tienen los periodistas que se encargan de realizarlos, que viajan y conocen mundo y no sólo les sale gratis, sino que encima les pagan por ello. ¡Bien por vosotros!

Lo segundo: no sé cuán edulcorada será la fórmula de estos programas. Es decir, ¿sólo salen los emigrantes españoles a los que las cosas les van bien, o es que todo el mundo es tan feliz cuando emigra? Supongo que se hará una criba previa (o posterior) a la grabación del testimonio, y que los amargados y resentidos no saldrán. De lo contrario, los españoles emigramos ahora de manera muy distinta a como lo hacían nuestro abuelos.

Lo tercero que se me viene a la cabeza: si todavía hubiera NODO y censura, estos programas no existirían en España, porque viéndolos se le queda a uno una cara de tonto que no puede con ella.

No lo digo porque vaya a idealizar lo extranjero y desdeñar lo nuestro (deporte nacional que ya cae en desuso), sino porque en estos programas a cada momento sale un chaval joven, licenciado, con formación e incluso experiencia, que aquí se veía obligado a trabajar de camarero, albañil o instalador de antenas, o si tenía la suerte de trabajabar en su campo, lo hacía por un sueldo que apenas superaba los 1.000 euros. Y te salen diciendo “me vine aquí y a los pocos meses ya tenía un empleo de (ingeniero/médico/economista/profesor de español) en el que ganaba 3.500 euros mensuales desde el principio”. Y tu ahí, en tu sofá con la consecuente cara de tonto. Lo dicho, estos programas no son una buena propaganda del régimen.

En España hay, más o menos, 4,5 millones de parados. Una barbaridad consecuencia de una crisis global que a nosotros nos ha pegado especialmente duro, ya que durante años nos hemos creído los reyes del mambo montados en la ola del boom inmobiliario, la cual, como toda actividad sustentada básicamente en la especulación, no tenía mucho futuro. Pero incluso antes de la crisis, incluso ahora con millones de parados enviando CVs por Infojobs, convendría echar un vistazo a las condiciones laborales de los millones que sí trabajan. No son precisamente buenas. Sobre todo para los trabajadores cualificados. ¿Paradójico? No tanto: cuando trabajas en la industria o en la construcción, respaldado por una federación sindical con miles de afiliados, ponen a diez de patitas en la calle y tenemos el lío montado. Cuando trabajas en un medio de comunicación o en un despacho de abogados, se despiden a 25 y nadie dice esta boca es mía.

Aquí ser trabajador cualificado, con estudios, incluso masters, es patente de corso para que las empresas te exploten. El discurso implícito es “hay tan poco trabajo en tu campo, que debes sentirte afortunado de tener uno, ¿no pretenderás encima cobrar bien y tener un horario decente?”. Eso ha hecho que durante años en este país se dé la situación de que un escayolista, fontanero o empleado de unos astilleros cobre casi el doble que alguien con titulación universitaria desarrollando una profesión liberal. Con todos mis respetos para los oficios antes mencionados, pero oigan, es que no es normal.

Hace poco, una amiga a la que el destino y decisiones personales ha llevado a vivir en otro país me decía: “el problema de España no es ya el escaso número de puestos cualificados que genera el mercado de trabajo, sino que cuando accedes a ellos, te encuentras con unas condiciones de mierda y aguantando a unos jefes que, en su mayoría, son unos ceporros que intentan quedar por encima tuya a base de machacarte”.  Pensando así es lógico que decidiera marcharse, lo que no sé es por qué no nos marchamos todos.

Y hasta aquí la reflexión optimista del día. ¡Qué felices eran los veranos cuando sólo echaban el Grand Prix y podías ver la tele sin tener que forzar la sinapsis neuronal! Ahora, sin embargo, con tanto programa de emigrantes felices, gente que vive en casas de lujo y hoteles donde sólo se pueden alojar los millonarios, es encender la tele y sentir un malestar que te empuja a divagar sobre qué estás haciendo con tu vida. Si creíamos que con ser campeones del mundo, el sol y la playa éramos felices… ¿por qué insisten en sacarnos de nuestra ignorancia?

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