Un año de Obama

En periodismo se dice que las efemérides y aniversarios no son noticia, pero es cierto que tienen su utilidad como estaciones en las que pararse, mirar atrás y hacer balance. Así que informativamente quizás no tengan validez, pero analíticamente sí, y el análisis también es periodismo, aunque a algunos se les olvide devorados por la urgencia del día a día.

De cualquier modo, esto no va de hacer periodismo ni de análisis político porque, para ser justos, ¿qué ha podido hacer Barack Obama en un año desde su elección (nueve meses desde que tomó el poder)? Algunos dirán que mucho, yo creo que prácticamente nada.


Cualquier puesto de trabajo mínimamente cualificado requiere un periodo de adaptación, una larga etapa de aprendizaje hasta que dominas a fondo los entresijos del día a día, y aun así habrá situaciones excepcionales que no sabrás como afrontar hasta que te las encuentres de bruces. Imaginaos lo que debe ser presidir un gobierno como el de los USA, sin que nadie te diga dónde se guarda el lapicero, o donde no existe cotidianeidad a la que acostumbrarte.

En realidad, Obama es víctima de las expectativas, el jurado más cruel que existe, máxime cuando son expectativas desbordadas. ¿Pero es culpa suya o de un electorado que lo ha elevado a cotas mesiánicas? Algunos diréis que él y su equipo han alimentado esa imagen. Claro que esa es la obligación de cualquier político que quiere ganar unas elecciones. Ese es el juego democrático.

Siempre he trazado una línea entre los políticos que son buenos candidatos y los que son buenos gestores. Nos podemos encontrar a tipos grises, con poco gancho electoral, que sin embargo serían gestores honrados y eficaces a la hora de conducir una administración. Lamentablemente, nunca llegaríamos a descubrirlo, porque no ganarían en un proceso electoral. Este tipo de políticos, cojos de carisma, sólo llegan al poder de la mano de aquellos cabezas de lista que sí tienen el tirón necesario para batirse en la arena electoral.

Creo que éste es uno de los grandes handicaps de la democracia, que se elige a los presidentes, a los alcaldes, en función de una serie de valores, de aptitudes, que sólo les servirán para encumbrarse hasta el poder, pero que a nadie aseguran una buena gestión posterior, que es de lo que se trata al fin y al cabo. Este fenómeno, en su extremo más negativo, da lugar al populismo (nuestros ayuntamientos están llenos de claros ejemplos: alcaldes que amparados en su carisma y en la habilidad para la supervivencia política se perpetúan legislatura tras legislatura, a pesar de una gestión mediocre o directamente pésima).

En el otro extremo, podemos encontrar políticos que son hábiles comunicadores, que dominan la contienda electoral, y que una vez llegan al poder demuestran ser también impecables gestores. Animales políticos capaces de tocar todos los palos: duros escaladores en la montaña y finos velocistas en la contrarreloj. Por supuesto, son unos pocos elegidos. ¿Es Obama uno de ellos? Aún no podemos saberlo.

El primer presidente negro de los Estados Unidos ha hecho historia con su camino hasta la Casa Blanca, desvelándose como un comunicador arrollador, una persona de carisma inusitado y una ambición a la altura (recordemos que sin este gen, ningún político llega a las más altas instancia. Aquí no hay ningún Frodo al que se le entregue el anillo de poder, precisamente, porque es el único que no lo desea). Todo ello le ha permitido alcanzar su meta a pesar de defender un programa electoral excesivamente progresista para el paladar norteamericano; habrá que ver ahora su capacidad para ponerlo en práctica.

Que conste que no desconfío de las intenciones de Obama. Creo que muchas de sus políticas no son populares para parte de sus votantes, así que si fue capaz de defenderlas durante la campaña abiertamente es porque debe tener una visión en la que cree. Sin embargo, el presidente USA no es omnipotente, como se está viendo, y algunas de sus propuestas claves, como su plan para una sanidad “pública” (así, entre comillas) o el cierre de Guantánamo, están enfrentándose a enormes obstáculos puestos, en muchas ocasiones, desde el propio Partido Demócrata. Por tanto no es que desconfíe tanto de las buenas intenciones de Obama como de su capacidad para llevarlas a cabo.

La caída de la popularidad de Obama responde, ahora mismo, a la desilusión de parte de su electorado, que no supo distinguir el resplandor dorado de una campaña electoral del lodazal del día a día de la gestión política. Habrá que esperar a que termine su mandato para cotejar lo que prometió con lo que ha conseguido; sólo entonces veremos si Obama ha sabido ser (aunque sea mínimamente) tan buen gestor como candidato. Lo tiene ciertamente difícil, porque como presidenciable desarrolló una campaña para los anales de la política, que será difícilmente igualable por la realidad.

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One thought on “Un año de Obama

  1. Poco a poco, Davide, poco a poco: ya ha pasado la primera ronda de la reforma sanitaria…¿mira que si realmente es super- Obama? Pero, por Dios, lo que jamás habría esperado yo de tu buena pluma (ojo, que esto no va contra tu hombría) ha acontecido…¡Has usado un anglicismo allí donde cabía "desventaja", y para más inri no lo has puesto en cursiva!¡Ahhhhhhh!¡Qué será lo próximo!

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