Stieg Larsson y "Los periodistas que no amaban el periodismo"

Hace unos días terminé de leer Los Hombres que no amaban a las mujeres, la primera novela de la trilogía Millenium, escrita por el prematuramente fallecido Stieg Larrson. Mientras la leía me acordaba de una entrada escrita por un amigo en su blog, en la que, a propósito de la película La sombra del Poder (protagonizada por Gladiator), realizaba un divertido retrato de la figura del periodista en el cine.

Efectivamente, Hollywood da una visión totalmente distorsionada de la imagen del periodista (idealista, intrépido, incorruptible, obsesionado por destapar la verdad, cínico por defecto profesional…) y de su trabajo, que parece consistir siempre en investigaciones extremas contra los grandes lobbys y los poderes en la sombra.

Sin embargo, Stieg Larsson (periodista) nos describe a un protagonista (también periodista) más verosímil, que se sumerge en la investigación de una desaparición acaecida cuatro décadas atrás. Para ello utiliza las herramientas que tienden a usar los periodistas del mundo real: Internet, la documentación almacenada en laberínticos archivos, las fotos de hemeroteca y la paciencia. Pero lo que más me interesa de esta novela no es su aproximación realista a la investigación periodística (al fin y al cabo, el periodismo de investigación lo ejercen un 1% de privilegiados), sino la crítica feroz a la forma de trabajar hoy día en las redacciones.

Larsson carga en la primera de sus novelas contra la prensa económica sueca, a la que acusa, por boca de uno de sus protagonistas, de haberse convertido en meros palmeros de los grandes intereses económicos, de los magnates superstars y de los holdings industriales. Especies de gabinetes de prensa externos que reproducen los mensajes y discursos difundidos por estos lobbys financieros sin el menor juicio crítico. Una visión incisiva y cargada de sordina que me parece muy aproximada a la realidad, pero no sólo a la de los periodistas económicos suecos, sino a la de la mayoría de las redacciones, especializadas o generalistas, de cualquier país occidental.

Y es que el 80% de lo que veis/leéis/escucháis en un medio de comunicación son teletipos editados por periodistas explotados con sueldos miserables, escritos en agencias de noticias por periodistas explotados con sueldos miserables, y todo ello tamizado por la línea editorial del medio (mero eufemismo que describe la pleitesía que el medio debe rendir al grupo de intereses políticos-financieros que le alimenta). El 20% restante suelen ser análisis y artículos de opinión cuyo sesgo, evidentemente, no es que sea menor. No seáis ingenuos, no me refiero a que cada artículo o información esté dictado palabra a palabra por un partido político o un gigante financiero, más bien a “si quieres seguir teniendo una columna semanal bien pagada en mi medio, o continuar en mi tertulia, ya sabes por dónde deben ir los tiros”.

Me encanta que Larsson hiciera este ejercicio de honestidad con su profesión. Pero esto no es lo único que contiene la novela, además hay toda una trama de investigación (verdadero eje del relato) bastante peculiar y muy bien narrada. Y unos personajes redondos, con carácter propio, de esos de los que siempre quieres saber un poco más. Vamos, que tengo ganas de leerme el siguiente libro.

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